La historia política de Zimbabue parece estar dando un giro inesperado. Casi nueve años después de llegar al poder prometiendo una nueva etapa para el país, Emmerson Mnangagwa enfrenta acusaciones de intentar consolidar su permanencia en el gobierno mediante una reforma que modificaría las reglas del sistema político.
El Parlamento aprobó un proyecto que extiende los mandatos presidenciales de cinco a siete años. Si la iniciativa completa su recorrido legislativo, el actual jefe de Estado podría continuar en funciones hasta 2030, tres años más allá del final previsto para su gestión.
La propuesta también incluye otro cambio que genera controversia: la posibilidad de que el presidente sea elegido por los legisladores en lugar de hacerlo mediante el voto directo de la ciudadanía. Para entrar en vigor, las modificaciones todavía deben superar nuevas instancias parlamentarias.
Mnangagwa llegó a la presidencia en noviembre de 2017 tras la caída de Robert Mugabe, el líder que gobernó Zimbabue desde la independencia en 1980. Durante décadas había sido considerado el heredero natural del histórico dirigente, con quien trabajó en distintos cargos de gobierno, incluyendo las áreas de Justicia, Defensa e Inteligencia.
Sin embargo, cuando Mugabe intentó desplazarlo para favorecer políticamente a su esposa Grace Mugabe, una intervención militar terminó provocando la salida del entonces presidente y abrió el camino para el ascenso de quien era conocido como "El Cocodrilo", un apodo asociado a su habilidad para sobrevivir a las luchas internas del poder.
En aquel momento, Mnangagwa prometió reformas económicas, mayor apertura al mundo y una nueva relación entre el Estado y los ciudadanos. Sus primeros discursos despertaron expectativas tanto dentro como fuera del país.

Las promesas de transformación chocaron con una realidad compleja. Durante su gestión, Zimbabue atravesó fuertes episodios de inestabilidad económica, con una inflación que llegó a ubicarse entre las más altas del planeta.
El país ya arrastraba una larga historia de crisis monetarias. En 2008 protagonizó uno de los episodios de hiperinflación más extremos registrados en tiempos modernos, cuando los precios aumentaban a tal velocidad que los billetes perdían valor en cuestión de horas.
Aunque en los últimos meses los indicadores mostraron cierta mejora y la inflación logró descender a niveles de un solo dígito por primera vez en décadas, amplios sectores de la población continúan enfrentando dificultades económicas.

La iniciativa impulsada por el oficialismo provocó una reacción poco habitual. Además de la oposición política, veteranos de la guerra de independencia y antiguos aliados del presidente cuestionaron públicamente el proyecto.
Los detractores sostienen que las reformas buscan fortalecer el control del poder y reducir los mecanismos de alternancia democrática. Desde el gobierno responden que los cambios permitirán mayor estabilidad institucional, menos gastos electorales y una planificación económica de largo plazo.
El debate revive inevitablemente las comparaciones con Mugabe, quien permaneció en el poder durante 37 años y convirtió a Zimbabue en uno de los ejemplos más conocidos de liderazgo prolongado en África.
Para muchos observadores, la gran paradoja es que el hombre que llegó prometiendo dejar atrás esa etapa ahora enfrenta acusaciones de recorrer un camino similar. A sus 83 años, Mnangagwa vuelve a demostrar por qué lo llaman "El Cocodrilo": después de más de medio siglo en la política, sigue encontrando la manera de mantenerse en el centro del poder.