En una nueva edición de El Living de NewsDigitales, Juan Ignacio Provéndola recibió a Matías Westerkamp, guitarrista de La Condena de Caín, una de esas bandas que crecieron lejos de las fórmulas y las modas, pero que supieron construir una identidad propia a partir de las canciones, la autogestión y el vínculo con su público.
Con la tranquilidad de quien lleva más de dos décadas recorriendo escenarios, Westerkamp repasó la historia del grupo y recordó que el primer show de La Condena de Caín se realizó apenas unos días antes de la tragedia de Cromañón, un hecho que modificó para siempre la escena del rock argentino.
Para el músico, los obstáculos fueron una constante desde los comienzos. La falta de espacios para tocar y las limitaciones propias del circuito independiente obligaron a la banda a buscar alternativas y apoyarse en la creatividad.
"Siempre tuvimos que transformar las carencias en potencias", resumió.

Esa realidad también los llevó a estrechar lazos con otros grupos de la escena. Así nacieron amistades y colaboraciones con bandas como Las Pastillas del Abuelo, Nahual y Toda Aparenta Normal, relaciones que siguen vigentes hasta hoy.
La historia de Westerkamp está profundamente ligada a su familia. Su padre fue preso político durante los años setenta y, una vez recuperada la libertad, fundó el Lavadero Chirola, en Almagro, un lugar que con el tiempo se convirtió en un punto de encuentro para artistas y vecinos del barrio.
"Me crié entre canastos de ropa, pintores, músicos y discusiones políticas", recordó.
A ese universo se sumó la influencia artística de su madre, quien fue la última compañera de Antonio Berni. Para Matías, el arte y la política siempre formaron parte de una misma conversación.
Durante la charla, el guitarrista explicó cómo surgió "Defgi", el último trabajo de La Condena de Caín. La inspiración llegó a partir de la lectura de El entenado, la novela de Juan José Saer que terminó dejándole una huella tan profunda que incluso decidió tatuarse una de las palabras que aparecen en la obra.

Lejos de buscar explicaciones simples, Westerkamp reivindicó el valor de la ambigüedad en el arte. "Hoy todo parece tener que venir explicado. A mí me gusta que una canción o una obra te obliguen a construir tu propia interpretación", señaló.
A lo largo de los años, La Condena de Caín compartió escenario con artistas que el propio Westerkamp admiraba desde adolescente. La Renga, Sky Beilinson, Sergio Dawi y Las Pastillas del Abuelo son algunos de los nombres que fueron apareciendo en el camino.
Sin embargo, más allá de las anécdotas, el músico destacó el valor humano de esos encuentros. "Conocer a otros artistas hizo más grande mi corazón. En una época tan individualista, la comunidad es fundamental", afirmó.
Mientras continúa la gira de presentación de "Defgi", La Condena de Caín también explora nuevos formatos acústicos, una manera de volver a la esencia con la que nacieron muchas de sus canciones.

Después de más de veinte años, Westerkamp asegura que la filosofía de la banda permanece intacta. "Nosotros seguimos haciendo esto por amor. Tenemos nuestros trabajos, como cualquier persona, pero nunca dejamos de apostar por las canciones. La Condena de Caín es, ante todo, prepotencia del trabajo".
Y quizás esa sea la mejor definición para una banda que, lejos de las urgencias del mercado, sigue escribiendo su propia historia.