Toy Story regresó a la pantalla grande con el estreno de su quinta entrega, generando una enorme expectativa en las oficinas de Disney y Pixar. Tras más de tres décadas desde el lanzamiento de la cinta original, las aventuras de Woody y Buzz Lightyear vuelven a capturar la atención del público global. Sin embargo, este regreso viene acompañado de una fuerte presión económica debido a los costos que implicó traer de vuelta a estos personajes.
Bajo la dirección de Andrew Stanton, quien por primera vez se coloca al frente de esta saga, y Kenna Harris, la producción marcó un hito histórico en términos de financiamiento. Con un presupuesto estimado en 250 millones de dólares (sin considerar marketing), el largometraje se ubicó formalmente como la segunda película animada más costosa de todos los tiempos. Esta impresionante cifra la ubica en el ranking de inversión inmediatamente detrás de Enredados y empatando en la segunda posición con la versión fotorrealista de El Rey León que se presentó en las salas durante el año 2019.

A pesar de que presupuestos tan elevados suelen encender las alarmas en la industria ante el riesgo de sufrir pérdidas millonarias, el panorama comercial para esta secuela es favorable. Las proyecciones iniciales publicadas por consultoras especializadas indican que la cinta no tendrá inconvenientes para alcanzar la rentabilidad con facilidad. El fuerte arrastre nostálgico y el excelente recibimiento de las reseñas especializadas marcaron el camino para que el filme se encamine a romper récords históricos de recaudación en su debut.
Los análisis de taquilla anticipan que, tan solo en el mercado norteamericano, la producción podría generar ingresos extraordinarios y hablan de unos 150 millones de dólares. Si sumamos la s ventas a nivel mundial, se estima que podría llegar al lunes con entre 350 y 400 millones totales.

Con estas variables en juego, se calcula que la recaudación mundial acumulada durante su primer fin de semana superará con comodidad el costo total de producción del largometraje.