México 1970 ocupa un lugar privilegiado en la memoria del fútbol. Fue el Mundial de Pelé, de la consolidación de la televisión como fenómeno global y de una selección brasileña que todavía hoy es considerada por muchos especialistas como la mejor de todos los tiempos. Sin embargo, para nuestro fútbol esa Copa tuvo una característica imposible de olvidar: la Selección Argentina no estuvo presente.
El Campeonato se disputó en medio de un contexto especialmente complejo para la Argentina. La dictadura de Juan Carlos Onganía transitaba sus últimos meses luego del impacto político que había provocado el Cordobazo de 1969. Las protestas obreras y estudiantiles se multiplicaban, la conflictividad social crecía y el desgaste del régimen militar comenzaba a hacerse inocultable. Apenas semanas después de concluido el Mundial, Onganía sería desplazado del poder por las propias Fuerzas Armadas.
La crisis también alcanzaba al fútbol. Al igual que en ediciones anteriores, la AFA era un caos administrativo. Argentina compartió el grupo clasificatorio con Bolivia y Perú, pero no consiguió quedarse con el único pasaje disponible para México. El desenlace se produjo el 31 de agosto de 1969, cuando empató 2 a 2 ante los peruanos en la cancha de Boca. Los dos goles de Oswaldo “Cachito” Ramírez sellaron la clasificación de Perú.
Si existe un equipo que suele aparecer en cualquier debate sobre el mejor seleccionado de todos los tiempos, ese es Brasil 1970. Con Pelé, Jairzinho, Tostão, Gérson, Rivelino y Carlos Alberto como figuras centrales, el conjunto dirigido por Mario Zagallo desplegó un fútbol ofensivo y espectacular que maravilló al mundo.
Brasil ganó todos los partidos que disputó y alcanzó la final con una autoridad pocas veces vista. Su consagración llegó con una contundente victoria por 4 a 1 sobre Italia en el estadio Azteca, en una exhibición que incluyó uno de los goles colectivos más célebres de la historia de los Mundiales: una secuencia de pases que terminó con la definición de Carlos Alberto tras una asistencia perfecta de Pelé.
La conquista significó además la obtención definitiva de la Copa Jules Rimet, ya que Brasil alcanzó su tercer título mundial después de los obtenidos en Suecia 1958 y Chile 1962.
Aunque la final quedó inmortalizada por el juego brasileño, para muchos especialistas el mejor encuentro del torneo fue la semifinal entre Italia y Alemania Federal.
El partido terminó 1 a 1 en los noventa minutos y desembocó en un tiempo suplementario inolvidable. Durante media hora se produjeron cinco goles y cambios permanentes en el marcador hasta que Italia se impuso por 4 a 3.
La intensidad, el dramatismo y la calidad de ambos equipos llevaron a que el encuentro fuera bautizado como “El Partido del Siglo”, una denominación que aún conserva más de cinco décadas después.
La ausencia argentina abrió espacio para que Perú se transformara en una de las grandes revelaciones del campeonato. Con Teófilo Cubillas como principal figura, acompañado por Héctor Chumpitaz y Hugo Sotil, el seleccionado peruano desplegó un fútbol ofensivo y atractivo que le permitió alcanzar los cuartos de final.
Allí quedó eliminado justamente frente a Brasil, aunque dejando una imagen muy positiva. La actuación consolidó a Cubillas como una de las grandes estrellas emergentes del fútbol mundial y convirtió a Perú en uno de los equipos más admirados de aquella edición. Cinco años después, la base de esa formación obtuvo la Copa América.
México 1970 también marcó un punto de inflexión fuera de la cancha. Fue la primera Copa del Mundo transmitida masivamente en color para buena parte del planeta, un avance tecnológico que multiplicó su impacto y acercó el torneo a millones de hogares.
Además, se utilizaron por primera vez las tarjetas amarillas y rojas para sancionar conductas disciplinarias, una innovación que rápidamente se incorporó de manera definitiva al reglamento. La altura de varias de las ciudades sede generó debates inéditos sobre preparación física, planificación y rendimiento deportivo, cuestiones que desde entonces forman parte habitual de cualquier gran competencia internacional.
México 1970 fue un torneo inolvidable que modernizó aspectos esenciales del juego y que dejó partidos imborrables. Brasil se elevó a la categoría de leyenda, en cambio, para Argentina fue uno de sus peores fracasos.