El presidente Javier Milei separó este viernes dos funciones que Manuel Adorni había acumulado noviembre: la de jefe de Gabinete y la de vocero presidencial. Adorni continúa en el cargo más alto, pero ya no será la voz del Gobierno ante los medios. Ese rol pasa a manos de Adrián Ravier, economista, ex diputado nacional por La Pampa y coautor de un libro con el propio Milei.
El anuncio lo hizo el propio Adorni en X, tras una reunión con Milei en la Quinta de Olivos: "Adrián Ravier será el nuevo vocero presidencial. Todos los éxitos en esta nueva etapa, Adrián querido. Gran desafío por delante: serás la voz de quien está haciendo grande a la Argentina nuevamente".
Reunidos en Olivos con el Presidente de la Nación.
— Manuel Adorni (@madorni) June 19, 2026
Adrián Ravier será el nuevo Vocero Presidencial.
Todos los éxitos en esta nueva etapa Adrián querido.
Gran desafío por delante: serás la voz de quién está haciendo grande a la Argentina nuevamente.
Fin.@AdrianRavier @JMilei
El asesor presidencial Santiago Caputo lo felicitó de inmediato: "Que las fuerzas del cielo te acompañen". Patricia Bullrich, jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, fue más directa sobre el significado del cambio: "Un gran paso para destrabar la comunicación del Gobierno".
El cambio más importante no es quién ocupa el cargo sino cómo lo va a ocupar.
Adorni construyó su perfil sobre la confrontación. Desde el primer día, sus conferencias de prensa fueron un ring: cruzaba a periodistas, descalificaba preguntas, cerraba el micrófono con frases filosas. Ese estilo funcionó durante el primer año de gestión, cuando el Gobierno necesitaba marcar diferencia con lo anterior y mostrar firmeza.
Pero el problema de Adorni no era su estilo. Era que ese mismo estilo quedó atrapado en su propio escándalo. Cada vez que salía a hablar del Gobierno, la conversación derivaba hacia sus propias inconsistencias patrimoniales: la casa en el country Indio Cua, el departamento en Caballito, los viajes a Aruba y Punta del Este. El vocero se convirtió en el tema. Y cuando el vocero es el tema, el Gobierno no puede comunicar nada más.

Ravier es lo opuesto en estilo. Quienes lo conocen lo describieron como alguien que "no va al choque", que "no confronta" y que tiene "formas conciliadoras". Su terreno es la academia, los libros y los debates de ideas. En los espacios donde trabajó hasta ahora, era otro quien enfrentaba a los medios.
"No es altanero, no es soberbio", dijeron al portal Infobae funcionarios del oficialismo que vienen fastidiados con el rol que tomó Adorni en los últimos meses.
La apuesta del Gobierno es simple: bajar la temperatura, que el mensajero deje de ser el mensaje y que la comunicación oficial recupere la iniciativa hablando de economía y gestión.
La causa directa es la crisis judicial de Adorni. El jefe de Gabinete enfrenta dos causas: una por presunto enriquecimiento ilícito y otra por negociaciones incompatibles con la función pública.
Desde que estalló el escándalo en marzo, Adorni prácticamente desapareció de las conferencias de prensa. Su última aparición había sido el 8 de mayo. En ese período, el Gobierno quedó sin vocero real: nadie salía a dar la cara ante los medios de manera regular.

A eso se sumó la presión política del Congreso. El Senado acordó citar a Adorni a una interpelación para el 2 de julio, con posibilidad de que ese mismo día se vote su remoción del cargo. El PRO ya anticipó que acompañaría la moción de censura si las respuestas de Adorni no conforman a la mayoría. En ese contexto, Adorni seguía siendo, al mismo tiempo, el funcionario más expuesto públicamente y el más complicado judicialmente.
Separar las funciones fue la salida que encontró Milei: Adorni sigue conduciendo la Jefatura de Gabinete —y el Presidente lo llevará al acto del Día de la Bandera en Rosario para mostrar unidad— pero ya no pondrá la cara ante los medios.
Adrián Ravier tiene 48 años, nació en Buenos Aires y vive en La Pampa desde hace dieciséis años.
Es licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires (UBA), tiene una maestría en ESEADE y un doctorado en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, donde estudió bajo la dirección de Jesús Huerta de Soto, uno de los referentes globales de la Escuela Austriaca de Economía —la misma corriente de pensamiento que profesa Milei.
Dio clases en la UBA, ESEADE, UCES, la Universidad del Salvador, la UCA y la UCEMA. Es Premio del Ludwig von Mises Institute, del Institute for Humane Studies y de la Mont Pelerin Society.

Junto a Milei escribió el libro La batalla por la macroeconomía: el debate abierto entre Keynes, Friedman, Lucas y Hayek. Esa colaboración no fue casual: los acercó un editor, hace más de diez años, porque sus posiciones dentro de la Escuela Austriaca eran prácticamente idénticas. El libro tardó en salir, pero la relación de confianza quedó.
En 2025, Ravier encabezó la lista de La Libertad Avanza en La Pampa y ganó una banca de diputado nacional. Fue además director académico de la Fundación Faro, el think tank asociado al asesor presidencial Santiago Caputo.
Fue incluso insultado por Milei antes de hacerse amigos. En un tuit de años atrás, el Presidente lo había llamado "imbécil total" y "chanta". La reconciliación llegó cuando Ravier le entregó un honoris causa de la Universidad ESEADE. A partir de ahí, construyeron una relación de confianza personal que explica la designación de este viernes.
Adorni no renuncia al cargo de jefe de Gabinete y Milei no se lo pide. Este sábado compartirán el acto del Día de la Bandera en Rosario, junto al resto del gabinete, en una foto que el oficialismo quiere mostrar como señal de cohesión.
Pero lo que Adorni pierde es concreto: ya no controlará la agenda de comunicación del Gobierno ni será la cara visible ante los medios. Esa dimensión pasa íntegramente a Ravier.

Javier Lanari, secretario de Comunicación y Prensa designado en diciembre de 2025 bajo la órbita de la Jefatura de Gabinete, continúa en su cargo. El rol de Adorni en la comunicación oficial queda reducido a sus funciones institucionales como jefe de Gabinete.
Al mismo tiempo, la Cámara de Diputados tiene una sesión pedida para el 23 de junio con proyectos orientados a la salida de Adorni. El Senado lo citó a interpelación para el 2 de julio. Si ese día sus respuestas no conforman a la mayoría, el Senado puede votar su remoción con 37 votos.
El riesgo del cambio está en la inexperiencia. La vocería presidencial en un gobierno de alta conflictividad exige reflejos, manejo de entrevistas de alto voltaje y capacidad para responder preguntas incómodas en el momento, sin preparación previa.
Ravier llega con poco entrenamiento en ese terreno. Su capital es la confianza del Presidente y una coherencia ideológica que pocos en el Gobierno pueden exhibir con tanta trayectoria. Lo que deberá construir —y rápido— es todo lo demás.
TM