El Mundial de Alemania Federal 1974 encontró a la Argentina atravesando uno de los períodos más convulsionados de su historia reciente. Entre 1970 y 1974 el país había vivido una sucesión de crisis políticas, enfrentamientos armados y cambios de gobierno que marcaron una época convulsionada.
La Revolución Argentina, instaurada tras el golpe de Estado de 1966, ingresó en una etapa de desgaste irreversible a partir de 1969. La creciente conflictividad social, la aparición de organizaciones guerrilleras y la incapacidad del régimen militar para estabilizar la situación terminaron acelerando el retorno de la actividad política.
En 1973 volvió el peronismo tras 18 años de proscripción. Héctor Cámpora ganó las elecciones del 11 de marzo y asumió el 25 de mayo, pero renunció un mes y medio después. El presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Lastiri, se hizo cargo del Gobierno para convocar a nuevas elecciones que ganó Juan Domingo Perón. Las tensiones internas del movimiento peronista, la violencia política y la crisis económica, lejos de disminuir, fueron en aumento.
En ese contexto la Selección clasificó para el Mundial en Alemania. El pleno desarrollo del certamen, 1 de julio murió Perón. Su muerte dejó la presidencia en manos de su vicepresidente y esposa, Isabel Perón. Su gestión fue infructuosa y terminó en forma abrupta el 24 de marzo de 1976.
La Albiceleste entrenaba bajo la conducción de Vladislao Cap. El equipo no tenía buen juego, ni figuraba entre los candidatos. A pesar de eso, logró superar una primera ronda complicada.
Argentina debutó con una derrota ante Polonia por 3-2. En la segunda fecha igualó 1-1 con Italia y goleó a Haití por 4-1 en la tercera fecha. Ese mismo día jugaban Italia y Polonia. Una victoria italiana hubiera significado la eliminación en primera ronda, pero el ganador fue Polonia. Siempre existió la sospecha de que los polacos recibieron una abultada suma de dinero como gratificación.
Los resultados alcanzaron para avanzar a la segunda ronda, una instancia novedosa del certamen que reemplazaba los tradicionales cruces eliminatorios por dos grupos semifinales de cuatro equipos cada uno. Allí apareció la verdadera dimensión de las potencias de la época.
Argentina cayó en el Grupo A. fue goleada 4-0 por Holanda, perdió 2-1 frente a Brasil y cerró su participación con un empate 1-1 ante Alemania Oriental. La Albiceleste quedó úlitma en su zona y en la tabla general se ubicó en la octava colocación.
El Grupo B quedó conformado por Alemania Occidental, Polonia, Suecia y Yugoslavia. Los locales se clasificaron para la final, mientras que los polacos quedaron relegados a jugar por el tercer puesto.
La gran protagonista fue Holanda. Dirigido por Rinus Michels y comandado dentro de la cancha por Johan Cruyff, el conjunto neerlandés maravilló al mundo con el llamado "fútbol total", una propuesta en la que los jugadores intercambiaban posiciones constantemente y participaban tanto en defensa como en ataque.
La prensa internacional bautizó a aquel equipo como la "Naranja Mecánica". Aunque no obtuvo el título, su influencia fue tan profunda que todavía hoy muchos especialistas lo consideran uno de los mejores equipos de todos los tiempos.
La Guerra Fría también tuvo su capítulo futbolístico. Fue la única Copa del Mundo en la que coincidieron Alemania Occidental y Alemania Oriental. Contra todos los pronósticos, los alemanes del este derrotaron 1-0 a los occidentales con un histórico gol de Jürgen Sparwasser.
El triunfo fue celebrado por el bloque soviético como una victoria ideológica, aunque paradójicamente terminó beneficiando a los alemanes occidentales, que accedieron a un camino más favorable en la segunda fase.
La definición enfrentó a Holanda y Alemania Occidental. El partido comenzó de manera espectacular para los de naranja: antes de que los locales tocaran la pelota, Cruyff provocó un penal que Johan Neeskens convirtió en gol al minuto de juego.
Todo parecía encaminado para la consagración de la Naranja Mecánica. Sin embargo, Alemania reaccionó. Paul Breitner empató de penal y, antes del descanso, Gerd Müller marcó el 2-1 que sería definitivo.
El resultado consagró a los anfitriones y dejó una de las grandes paradojas de la historia de los Mundiales: el equipo que cambió para siempre la manera de jugar al fútbol se quedó sin premio.
Alemania 1974 también significó el debut de la actual Copa Mundial de la FIFA. El histórico trofeo Jules Rimet había quedado definitivamente en poder de Brasil después del tricampeonato obtenido en México 1970.
La FIFA organizó un concurso internacional para diseñar el nuevo galardón y el proyecto ganador fue obra del escultor italiano Silvio Gazzaniga. El capitán alemán, Franz Beckenbauer, se convirtió así en el primer futbolista en levantar el trofeo, el mismo que en Italia 1990 volvió a levantar, pero como entrenador.
Alemania 1974 quedó en la memoria por muchas razones. Fue el Mundial de la muerte de Perón, de la revolución táctica holandesa, del único duelo entre las dos Alemanias y del nacimiento de la copa moderna. La Argentina tuvo una actuación digna pero insuficiente, mientras el país que comenzaba a internarse en uno de los períodos más oscuros de su historia.