La industria frigorífica nacional atraviesa un escenario marcado por una menor actividad, mayores costos operativos y la necesidad de profundizar los controles para combatir la informalidad. Así lo planteó Daniel Urcía, presidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (FIFRA), al analizar la situación actual de la cadena de ganados y carnes.
Según explicó, durante los primeros meses del año se consolidó una caída de la faena cercana al 10%, una tendencia que desde la entidad habían anticipado y que atribuyen principalmente a un proceso de retención de hacienda por parte de los productores.
“La cadena de ganados y carnes atraviesa una etapa de importantes transformaciones. Los primeros meses del año vienen confirmando una reducción de la faena cercana al 10%, un comportamiento que habíamos anticipado y que responde, en buena medida, a un proceso de retención de hacienda que consideramos saludable para el futuro de la actividad”, señaló Urcía.
El dirigente remarcó que, pese a la menor cantidad de animales faenados, se registra una mejora en el peso promedio de faena, lo que permite sostener e incluso incrementar la producción medida en kilos de carne.
No obstante, advirtió que la reducción de la actividad genera dificultades para la industria frigorífica. “La menor faena implica una utilización más reducida de la capacidad instalada y, por lo tanto, un incremento de los costos unitarios. Los frigoríficos, el transporte, la logística comercial y los servicios asociados fueron concebidos para operar con determinadas escalas de actividad. Cuando esas escalas disminuyen, toda la estructura se vuelve más costosa”, sostuvo.
A este escenario se suman los incrementos en combustibles y energía, rubros que ganaron peso dentro de la estructura de costos. Según Urcía, las empresas vienen realizando esfuerzos de reorganización y eficiencia para sostener la actividad y preservar los puestos de trabajo.
En materia de precios, el directivo destacó que los valores de la hacienda continúan siendo favorables para la producción ganadera y sostienen los incentivos para invertir. Sin embargo, aclaró que esa situación no se trasladó al consumidor final.
“Durante los últimos meses los precios de la carne mostraron una marcada estabilidad y tuvieron una incidencia mínima sobre los índices generales de inflación. La realidad es que la capacidad de consumo de la población establece límites claros a cualquier posibilidad de recomposición de precios en el mercado interno”, afirmó.
Otro de los factores que preocupa al sector es la evolución de los mercados de subproductos. Urcía recordó que históricamente la comercialización de cueros, grasas y menudencias contribuyó a equilibrar los resultados económicos de los frigoríficos, pero indicó que actualmente ese aporte se encuentra reducido por la menor actividad y las dificultades comerciales que atraviesan esos segmentos.
En este contexto, el presidente de FIFRA consideró que la informalidad representa uno de los principales desafíos para la cadena cárnica. “Las prácticas evasivas, la faena clandestina, el incumplimiento de obligaciones fiscales, laborales o sanitarias y las distintas formas de competencia desleal afectan a quienes realizan sus actividades dentro de las reglas establecidas”, expresó.
Por ese motivo, valoró los avances impulsados por la Secretaría de Agricultura. En particular, destacó la implementación del nuevo controlador electrónico de faena y las mejoras en los sistemas de monitoreo.
“La modernización de los sistemas de control constituye una oportunidad para reducir espacios de informalidad y mejorar la competitividad de toda la cadena. La tecnología aplicada al seguimiento de la actividad permitirá actuar con mayor rapidez frente a incumplimientos y brindar más transparencia a un sector que necesita reglas claras y previsibilidad”, señaló.
Urcía también ratificó la importancia de mantener una estrategia equilibrada entre mercado interno y exportaciones. Recordó que cerca del 70% de la producción se destina al consumo doméstico, mientras que las ventas externas aportan valor y permiten diversificar riesgos.
“Argentina cuenta con oportunidades concretas en mercados de volumen, como China, y en mercados de alto valor, como la Unión Europea, Estados Unidos, Israel y Chile. La demanda internacional por carne argentina continúa vigente y representa una plataforma de crecimiento que debemos preservar mediante competitividad, eficiencia y cumplimiento de las exigencias sanitarias y ambientales”, indicó.
Finalmente, sostuvo que la carne vacuna continúa ocupando un lugar central en las preferencias de los argentinos, aunque comparte espacio con una oferta creciente de carne aviar y porcina. Para el dirigente, el desafío consiste en fortalecer la competitividad de toda la cadena, mejorar la calidad, promover la formalidad y consolidar nuevos mercados, para garantizar el crecimiento sostenible del sector.