La Selección de Senegal está atravesando una crisis interna que combina lo deportivo, lo institucional y lo económico, en pleno desarrollo del Mundial 2026.
El plantel que comanda el técnico Pape Thiaw acumula reclamos por premios que el Estado se comprometió a pagar y nunca se concretaron, malestar por las condiciones del hotel donde se hospeda y un cuerpo técnico que llega a la Copa del Mundo sin contrato firme con la Federación.
El malestar no es nuevo, pero se profundizó en los últimos días dentro de la concentración africana. Los reclamos formales empezaron por escrito y se trasladaron a reuniones con dirigentes y representantes de los jugadores.
La sumatoria de los tres frentes, según pudo trascender, terminó por afectar el clima de trabajo en plena fase de grupos del torneo, justo cuando el seleccionado dirigido por Thiaw debería estar enfocado solo en su participación deportiva. El origen del conflicto se remonta a comienzos de 2026, cuando Senegal jugó la final de la Copa Africana de Naciones frente a Marruecos.
Aquel partido terminó con el equipo africano abandonando la cancha en señal de protesta y, semanas después, con la Confederación Africana de Fútbol declarando al cuadro senegalés "perdedor por incomparecencia" y otorgando el título al cuadro marroquí.

El Gobierno de Senegal, encabezado por el presidente Bassirou Diomaye Faye, había anunciado en su momento un paquete de premios extraordinarios para los campeones de la Copa Africana.
Cada uno de los jugadores iba a recibir una suma cercana a los 134.000 dólares más una parcela de 1.500 metros cuadrados a su nombre, además de distinciones para el cuerpo técnico y los dirigentes.
La anulación del título cambió el escenario y dejó el paquete en discusión. La Federación, que había recibido el dinero del premio antes de la decisión administrativa, quedó en medio de una compleja negociación con los jugadores.
Mientras se resuelve el destino del dinero y de las parcelas, los futbolistas reclaman que se cumpla lo que se les prometió. La cuestión llegó a las puertas del Mundial 2026 sin solución, lo que generó el primer foco de tensión hacia adentro del plantel.
El segundo frente que enfrenta el cuerpo técnico es el de la concentración. Los antecedentes pesan: durante la Copa Africana, Senegal protestó por la calidad del Hotel Rihab que la organización le asignó en Rabat, al que consideró insuficiente para preparar una final.
También cuestionó la obligación de entrenar en el complejo Mohammed VI, una base utilizada habitualmente por el cuadro marroquí, lo que percibió como un trato desigual frente al rival.
Aquellas quejas se trasladaron en parte al Mundial 2026, donde el plantel volvió a manifestar incomodidad con las condiciones de su hotel. Los jugadores reclamaron mejores espacios comunes, un esquema de comidas adaptado al alto rendimiento y un trato más prolijo en la atención del personal del cuerpo médico y los preparadores físicos.
Es un detalle aparentemente menor que, en el día a día de una concentración de un mes, termina por desgastar la convivencia interna del grupo.
El tercer foco de la crisis es el más sensible. Pape Thiaw, técnico actual del seleccionado senegalés, llegó al Mundial 2026 sin un contrato firme con la Federación que lo asegure más allá del torneo.
Su continuidad había quedado en el aire después del expediente abierto por la Confederación Africana tras la final de la Copa Africana, cuando enfrentó sanciones disciplinarias por su rol en la decisión de abandonar la cancha.
La Federación priorizó terminar el ciclo mundialista con Thiaw al frente y posponer la discusión sobre el futuro contractual para después del torneo. La estrategia, sin embargo, dejó al entrenador trabajando con un vínculo precario, sin garantía sobre su continuidad, lo que también condiciona el aire interno del cuerpo técnico.
Senegal arrancó el Mundial 2026 con una derrota frente a Francia y necesita resultados urgentes en los próximos partidos del Grupo I, donde también están Noruega e Irak.