La nueva victoria electoral del primer ministro etíope, Abiy Ahmed, confirmó algo que ya se anticipaba: el Partido de la Prosperidad seguirá dominando la política del segundo país más poblado de África. Sin embargo, detrás de la cómoda mayoría parlamentaria se esconde una historia mucho más compleja, marcada por un giro que llevó a Abiy de ser celebrado por la comunidad internacional a convertirse en uno de los líderes más controvertidos del continente.
Abiy llegó al poder en 2018 después de años de protestas contra la coalición que gobernaba Etiopía desde hacía décadas. Su llegada despertó expectativas de apertura política y reformas. Liberó presos, permitió el regreso de grupos opositores y, sobre todo, puso fin a dos décadas de hostilidad con Eritrea mediante un acuerdo histórico de paz.

Ese acercamiento le valió el Premio Nobel de la Paz en 2019, convirtiéndolo en una de las figuras más admiradas de África. Pero el escenario cambió drásticamente poco después.
En noviembre de 2020 estalló la guerra en Tigray entre el gobierno federal y las fuerzas de esa región. El conflicto dejó decenas de miles de muertos, millones de desplazados y una crisis humanitaria que generó preocupación internacional.
Organizaciones de derechos humanos y varios gobiernos occidentales denunciaron masacres, violencia sexual y bloqueos a la ayuda humanitaria. Addis Abeba rechazó las acusaciones y sostuvo que se trató de una operación para preservar la unidad nacional.
Aunque el acuerdo de paz firmado en 2022 redujo la intensidad del conflicto, otras regiones como Amhara y Oromia continúan afectadas por enfrentamientos armados y problemas de seguridad.
Los resultados difundidos por la Junta Electoral confirmaron una nueva mayoría para el Partido de la Prosperidad, que ya había obtenido más del 90% de los escaños en 2021.
Sin embargo, millones de etíopes no participaron en la votación debido a la inseguridad y a la persistencia de conflictos en distintas regiones. La oposición, además, denunció restricciones y cuestionó la falta de igualdad de condiciones durante la campaña.

Además de las tensiones internas, Etiopía enfrenta una relación cada vez más delicada con Eritrea y mantiene su objetivo de obtener una salida al mar, una cuestión considerada estratégica por el gobierno de Abiy.
Con más de 130 millones de habitantes y una de las economías de mayor crecimiento de África, Etiopía sigue siendo una pieza clave del continente. El nuevo triunfo electoral fortalece el poder de Abiy Ahmed, pero también vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que persigue a su gobierno desde hace años: cómo reconciliar un país atravesado por profundas divisiones étnicas y políticas.