Mientras se disputa la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA, trascendió que la Copa América 2028 podría volver a tener sede en Estados Unidos.
Conmebol y Concacaf están en negociaciones avanzadas para que el país anfitrión del Mundial 2026 también se quede con la organización de la próxima edición del torneo continental, en lo que sería la segunda vez consecutiva que el certamen sudamericano en ese país.
Las conversaciones se aceleraron en las últimas semanas y la decisión podría conocerse antes del cierre del año. El proyecto tiene un sustento institucional fuerte.
Conmebol, organismo que rige el fútbol sudamericano, y Concacaf, su par del Caribe, Centroamérica y la zona norte del continente, vienen sosteniendo una alianza estratégica desde la edición 2024 del torneo.
La idea de fondo es repetir el éxito comercial y de público de aquella experiencia, en un escenario donde Estados Unidos ya demostró tener la infraestructura necesaria para albergar competencias internacionales de máxima jerarquía.
Argentina aparece como la principal alternativa en la lista de la Conmebol. La propuesta contempla una organización conjunta con Uruguay y Paraguay, con sedes principales en el Monumental de Núñez, el Mario Alberto Kempes de Córdoba y el Centenario de Montevideo.
Pero todo indica que los negociadores sudamericanos se inclinan por la opción estadounidense, por capacidad logística, por inversión publicitaria y por el calendario.

La idea de repetir sede no es casualidad. La Copa América 2024 se jugó en Estados Unidos y dejó un balance positivo para los dos organismos.
Los estadios estuvieron llenos en gran parte de los partidos, la cobertura mediática fue masiva y los ingresos por sponsors, derechos de televisión y venta de entradas marcaron récords para una competencia sudamericana.
La final, además, terminó con un colofón redondo para el fútbol del continente. Aquel torneo lo ganó Argentina, que se consagró bicampeón continental tras vencer a Colombia 1-0 en el Hard Rock Stadium de Miami.
Fue la última gran fiesta deportiva en territorio estadounidense antes del Mundial 2026, y dejó instalada la convicción de que el país podía sostener una competencia internacional con la misma rigurosidad organizativa que muestran ahora durante la Copa del Mundo.
Para Conmebol y Concacaf, ese antecedente es un argumento de peso a la hora de repetir el experimento en 2028.