Los “monstruos blindados”, como son conocidos popularmente en México, son el resultado de la evolución táctica de la guerra no convencional que los cárteles libran entre sí y contra el gobierno mexicano. Se trata originalmente de camiones y camionetas de gran porte a los que se les retira parte de la estructura para reemplazarla por gruesas planchas de metal, obteniendo así un blindaje artesanal que protege gran parte del vehículo.
Además, incorporan faldones sobre las ruedas para reforzar las zonas más vulnerables y, en no pocas ocasiones, cuentan con torretas giratorias que les permiten cubrir todos los ángulos. Una vez finalizadas las modificaciones, se les añade armamento de alto calibre, como rifles Barrett .50 y fusiles automáticos, transformándolos en verdaderas plataformas de combate móviles que recuerdan a los tanques primigenios de comienzos del siglo pasado, aunque con características plenamente operativas y utilizadas en combate.
Los monstruos blindados nacieron a comienzos de la década de 2010, cuando el gobierno mexicano intensificó la guerra contra el narcotráfico y se vio inmerso en una batalla por frenar el avance que las organizaciones criminales habían logrado sobre amplias zonas del país.
Los primeros vehículos blindados fueron atribuidos a Los Zetas, organización surgida del Cártel del Golfo cuyos integrantes contaban con entrenamiento militar al haber pertenecido anteriormente a las fuerzas armadas.

Sus miembros desarrollaron tácticas propias de una guerra convencional al emplear apoyo blindado para hacer frente a las fuerzas federales, expandir su territorio frente a facciones rivales y, al mismo tiempo, proteger rutas logísticas utilizadas para el tráfico de armas y sustancias ilícitas.
El éxito de estas tácticas impulsó a otras organizaciones criminales a implementar vehículos blindados y perfeccionar su construcción, logrando sistematizar los procesos y añadir nuevas tecnologías como sistemas de refrigeración internos, cámaras de seguridad, inhibidores de señal y mejoras mecánicas que permiten soportar el peso adicional del blindaje y aumentar su resistencia frente a explosivos y municiones.
En la actualidad, la incautación de estos vehículos por parte de las fuerzas de seguridad mexicanas se ha extendido por todo el país, principalmente en estados como Sonora, Michoacán, Jalisco y Tamaulipas. Se estima que más de 700 narcotanques han sido decomisados por las autoridades, los cuales incorporan cada vez más tecnología y capacidades militares, fruto de los constantes enfrentamientos.

La construcción de uno de estos blindados demanda alrededor de 60 días y tiene un costo estimado de entre 15.000 y 30.000 dólares, dependiendo del vehículo utilizado y de sus capacidades militares. Las configuraciones varían desde camionetas con torretas hasta grandes camiones blindados con capacidad para transportar a 15 combatientes y desplegar una considerable potencia de fuego.
Los monstruos fueron utilizados a gran escala durante episodios como el denominado Culiacanazo, tras la captura de Ovidio Guzmán, líder del Cártel de Sinaloa, y durante los enfrentamientos derivados de la captura y posterior muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias "El Mencho", líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.
En ambos casos, las organizaciones criminales desplegaron escuadrones blindados para bloquear los accesos a las ciudades y enfrentar a las fuerzas de seguridad, obteniendo una ventaja táctica inicial frente a las fuerzas locales.

Si bien fueron apodados "narcotanques" por la sociedad mexicana, distan de ser tanques propiamente dichos debido a la ausencia de un cañón de gran calibre, elemento característico de los MBT (Main Battle Tank, por sus siglas en inglés). Técnicamente, sería más correcto considerarlos vehículos blindados, ya que en la práctica funcionan como plataformas de protección y apoyo ofensivo en enfrentamientos contra armas de bajo y mediano calibre.
Si bien los enfrentamientos son más frecuentes entre facciones criminales, el uso de estos blindados contra el propio Ejército mexicano ha aumentado en paralelo con la expansión de la violencia. En un país cuya extensión y posición geográfica dificultan el control efectivo de amplias zonas del territorio y donde, paradójicamente, el Ejército mexicano no dispone de tanques de guerra debido a una estrategia históricamente enfocada en combatir a las organizaciones criminales, las propias facciones han buscado reducir esa asimetría incorporando capacidades cada vez más cercanas a las de una fuerza militar convencional.
De esta manera, los llamados "monstruos blindados" representan la máxima expresión de la evolución táctica del narcotráfico en México y de la creciente militarización del conflicto interno.