23/06/2026 - Edición Nº1232

Política

México 1986

Argentina, Inglaterra y la Mano de Dios: el partido que hizo eterno a Maradona

23/06/2026 | Tras la frustración de España 1982, Diego Maradona llegó a México con una obsesión que atravesaba todo su juego: convertirse en el mejor futbolista de la historia.



La derrota en la Guerra de Malvinas aceleró la caída del régimen militar en la Argentina y abrió el camino a la recuperación democrática. En 1983, la dictadura convocó a elecciones. El triunfo fue para la Unión Cívica Radical, que llevó como candidato a Raúl Alfonsín. Fue la primera vez que el peronismo cayó derrotado en las urnas.

El nuevo gobierno asumió el desafío de impulsar el juzgamiento de los crímenes de la dictadura. En diciembre de 1985, los principales jerarcas del Proceso de Reorganización Nacional fueron condenados en el histórico Juicio a las Juntas. En paralelo, la economía argentina atravesaba una crisis profunda, con inflación alta y una deuda externa asfixiante.

En ese escenario, el fútbol funcionó como un bálsamo social. Los partidos de la Selección fueron un recreo emocional: durante un mes, la Argentina encontró una tregua simbólica pintando el país de celeste y blanco.

Bilardo y la lógica del resultado

La Selección argentina no llegó a México como favorita ni como equipo consolidado. Fue una construcción táctica en proceso, que solo

 parecía ver con claridad, en un contexto donde los amistosos previos habían sido desastrosos. El DT tenía dos ideas rectoras: el resultado estaba por encima de la estética y el equipo era “Maradona más diez”.

Argentina compartió grupo con Italia, Bulgaria y Corea del Sur. La primera fase fue sólida, aunque apenas un anticipo de lo que vendría. En octavos de final, el cruce con Uruguay fue físico, cerrado y típico del Río de la Plata. Argentina ganó 1-0.

El quiebre: Inglaterra y la historia

El punto de inflexión llegó en cuartos de final ante Inglaterra. Con Malvinas como telón de fondo, se condensaron dos imágenes opuestas y eternas: la “Mano de Dios” y el segundo gol de Maradona.

Más que goles, fueron dos momentos que trascendieron lo deportivo. Víctor Hugo Morales lo definió como “la jugada de todos los tiempos”. Allí, Maradona dejó de ser solo un futbolista para convertirse en símbolo.

Maradona como sistema

En semifinales, Bélgica ofreció resistencia táctica, pero el partido volvió a resolverse por la vía individual. Maradona marcó los dos goles que borraron a los belgas del partido y consolidaron su dominio absoluto del torneo.

La final ante Alemania Federal fue el punto de máxima tensión competitiva. Argentina llegó a estar 2-0 arriba con goles de José Luis Brown y Jorge Valdano, pero sufrió el empate y volvió a encontrar la ventaja sobre el final con el gol de Jorge Burruchaga, tras una asistencia magistral de Maradona.

El sacrificio como identidad

La final dejó también una imagen decisiva del ciclo Bilardo: José Luis “Tata” Brown jugó lesionado y no quiso salir. Fue el símbolo de una idea de entrega total, donde la épica física tenía valor propio.

José Luis Brown.

Incluso en el festejo, el contraste fue evidente: mientras el plantel celebraba, el cuerpo técnico seguía analizando el partido. Bilardo estaba preocupado por los dos goles recibidos cuando el encuentro parecía controlado.

Un Mundial sin jerarquías estables

México 1986 fue un torneo de ruptura. Italia, campeona vigente, quedó eliminada en fase temprana. Brasil e Inglaterra también se fueron antes de lo esperado.Francia llegó a semifinales, pero cayó nuevamente ante Alemania, repitiendo el patrón de 1982.

Uruguay sufrió una derrota histórica 6-1 ante Dinamarca. José Batista quedó en la historia por la expulsión más rápida en los Mundiales: 50 segundos ante Escocia.

Caídas, sorpresas y tensiones

En cuartos de final, Michel Platini falló un penal decisivo ante Brasil el día de su cumpleaños número 31.El anfitrión, Mexico, igualó su mejor actuación histórica (sexto puesto), pero cayó por penales ante Alemania Federal en una definición que terminó 4-1.

Alemania volvió a instalarse en una final mundialista, pero repitió su patrón de frustración: tras perder en 1982, volvió a caer en 1986.

El Mundial que se ordenó solo

México 1986 no fue un torneo lineal. Fue un campeonato marcado por sorpresas, eliminaciones tempranas y una volatilidad competitiva inusual.

En ese caos general, Argentina logró imponer orden. Pero ese orden tuvo un solo eje: Diego Maradona. A sus 25 años, Maradona no solo fue el mejor jugador del Mundial: fue un futbolista que alcanzó la categoría de mito viviente.

 

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