La ola de calor que azota a Europa dejó una dramática cifra en Francia: al menos 40 personas murieron desde el 18 de junio, muchas de ellas ahogadas al intentar refrescarse en ríos, lagos y canales durante jornadas con temperaturas sofocantes. Las autoridades francesas calificaron la situación como excepcional y activaron un comité de crisis para coordinar las medidas de emergencia.
El país registró uno de los días más calurosos de su historia con una temperatura máxima de 44,3 grados centígrados en la localidad de Pissos, en el sudoeste francés. Más de la mitad del territorio permaneció bajo alerta roja y millones de habitantes recibieron recomendaciones para evitar salir en las horas de mayor calor, hidratarse constantemente y prestar especial atención a niños y adultos mayores.
Gran parte de las víctimas fallecieron mientras nadaban en zonas sin vigilancia. Los servicios de emergencia detectaron un aumento de los accidentes acuáticos a medida que miles de personas acudieron a ríos y canales para escapar del calor. Entre los episodios que conmocionaron al país se encuentra la muerte de un adolescente de 13 años en el río Sena y la desaparición fatal de un joven deportista en el Ródano.
También se investigan las muertes de dos pequeños de 2 y 4 años hallados dentro de un automóvil en el sur del país, un hecho que habría sido provocado por las altísimas temperaturas acumuladas en el interior del vehículo.
La emergencia obligó a cerrar cientos de escuelas y modificar horarios en algunos servicios ferroviarios. Sitios turísticos emblemáticos, como la Torre Eiffel, adaptaron sus operaciones ante las condiciones extremas, mientras las autoridades sanitarias reforzaron los controles en hospitales y residencias para ancianos.

El fenómeno afecta también a España, Italia, Alemania y Reino Unido, donde se emitieron advertencias por calor extremo. En varios países se registraron incendios forestales, problemas en el transporte y un incremento de las consultas médicas relacionadas con golpes de calor.
Los meteorólogos explican que esta situación es consecuencia de un bloqueo atmosférico conocido como Omega, que mantiene atrapada sobre Europa occidental una masa de aire caliente procedente del norte de África. La falta de lluvias y la persistencia del sistema provocan que las temperaturas aumenten día tras día.

Los científicos llevan años advirtiendo que el calentamiento global está intensificando estos eventos. La comparación inevitable es con la histórica ola de calor de 2003, considerada una de las peores catástrofes climáticas modernas en Europa. Aquel verano dejó cerca de 80.000 muertos en distintos países y obligó a reformular los protocolos de emergencia.
Más de dos décadas después, el continente vuelve a enfrentarse a un escenario extremo. Y mientras los termómetros siguen marcando valores inusuales, las autoridades temen que el número de víctimas continúe aumentando en los próximos días.