La relación de creciente cercanía entre La Cámpora y Guillermo Moreno, exhibida en los últimos meses y especialmente visible durante el banderazo de Parque Lezama, representa una de las paradojas más llamativas del actual mapa interno del peronismo.
El ex secretario de Comercio Interior, que hoy aparece como uno de los dirigentes más próximos a Máximo Kirchner y comparte con el camporismo sus cuestionamientos hacia Axel Kicillof, fue durante años uno de los críticos más duros de la propia organización y también de algunas decisiones políticas de Cristina Kirchner.
Lejos de la sintonía actual, Moreno llegó a cuestionar el perfil de los dirigentes camporistas, el armado electoral de Unidad Ciudadana e incluso reprochó públicamente a la expresidenta por no haber defendido a Julio De Vido cuando el ex ministro era investigado por la Justicia.

La imagen de Moreno junto a Máximo Kirchner en Parque Lezama y la coincidencia de ambos sectores en las críticas hacia Kicillof contrastan con una década marcada por enfrentamientos políticos y doctrinarios.
En los últimos años del segundo mandato de Cristina Kirchner, el ex secretario de Comercio fue perdiendo influencia mientras Kicillof se consolidaba como una de las principales figuras económicas del kirchnerismo. Aquella transición dejó a Moreno fuera del círculo de poder y profundizó diferencias que se extenderían durante años.
Hoy, sin embargo, el escenario parece haber cambiado. La Cámpora y el líder de Principios y Valores encontraron un punto de coincidencia en sus diferencias con el gobernador bonaerense, generando una suerte de inversión de roles respecto de los tiempos en que el kirchnerismo privilegiaba a Kicillof y relegaba al ex funcionario.
Uno de los cuestionamientos más fuertes de Moreno hacia la organización que conduce Máximo Kirchner se produjo en mayo de 2023, en plena campaña electoral.
Durante una entrevista radial, disparó: "Los pibes de La Cámpora no saben lo que es laburar, nunca pasaron por el sector privado".
El ex secretario de Comercio sostuvo que la dirigencia kirchnerista se había alejado de la realidad cotidiana y añadió: "Antes los intendentes vivían en su lugar, andaban en bicicleta y abrían la intendencia a las seis de la mañana. Ahora los muchachos viven en Puerto Madero".
También afirmó que "no la ven" y explicó: "Al no verla tampoco se lo imaginan y por lo tanto no tienen política para resolverla".
Según Moreno, el problema se había originado durante los últimos años del kirchnerismo. "Se alejaron del pueblo, no saben cuánto cuesta una docena de factura, no le cortan la luz", aseguró.
Aquellas críticas no se limitaron a La Cámpora. También apuntó contra funcionarios del Frente de Todos como Gabriela Cerruti y Sergio Massa, a quienes acusó de estar desconectados de la vida cotidiana.
Incluso estableció una comparación entre las administraciones de Mauricio Macri y Alberto Fernández. "En el fondo son tan chetos como los otros", sostuvo. Y agregó: "Dicen que son progres porque tienen un pensamiento progre, pero no una acción progre".
Las diferencias con Cristina Kirchner también tuvieron momentos de fuerte tensión.
En 2019, Moreno cuestionó públicamente a la ex mandataria por las declaraciones en las que había afirmado que no ponía "las manos en el fuego por nadie", al ser consultada sobre la situación judicial de Julio De Vido.
"Cristina dijo que no ponía las manos en el fuego por nadie y nosotros pusimos el lomo diez años", afirmó. El dirigente fue todavía más lejos y aseguró: "Si Cristina en el 2007 me hubiera dicho 'quiero que seas mi secretario de Comercio pero no pongo las manos en el fuego por vos', me hubiera dado media vuelta".
Además, lanzó una de sus frases más duras respecto del comportamiento del kirchnerismo en el Congreso durante el proceso de desafuero del ex ministro de Planificación: "El acto de cobardía más grande en la historia del justicialismo fue cuando nuestro grupo de diputados no bajó a defender a Julio De Vido”.

Un año antes, en 2018, Moreno ya había manifestado diferencias con la estrategia electoral impulsada por Cristina Kirchner y con la construcción de Unidad Ciudadana.
Su planteo era que el peronismo debía permanecer unificado dentro del Partido Justicialista y cuestionaba la presencia de sectores ajenos al justicialismo tradicional.
"Yo desearía que estemos todos juntos en el Partido Justicialista. Si estamos todos juntos en el Partido Justicialista, Unidad Ciudadana no existe", sostuvo.
Y agregó una frase cargada de ironía sobre las fuerzas que integraban aquella coalición: "Son otros partidos: Nuevo Encuentro, el partido de Carlos Heller, qué sé yo, el partido de Leopoldo Moreau, todas esas cosas raras".
Moreno también planteó diferencias ideológicas con la ex presidenta: "El problema es que yo soy peronista y si Cristina es socialdemócrata, no soy socialdemócrata, y como yo, todos los peronistas".
Durante el gobierno del Frente de Todos, buena parte de los cuestionamientos de Moreno estuvieron dirigidos hacia Alberto Fernández, a quien definía como un dirigente socialdemócrata alejado del peronismo clásico.
Con el cambio del escenario político, esos ataques comenzaron a concentrarse cada vez más en Axel Kicillof, a quien el ex secretario de Comercio acusa de "no ser peronista", de representar una visión "globalista" y de haber protagonizado el punto de quiebre económico con la devaluación de 2014.
La cercanía actual entre Moreno y el espacio que conduce Máximo Kirchner hubiera parecido improbable hace algunos años. El dirigente de Principios y Valores pasó de cuestionar a La Cámpora por su falta de experiencia laboral, de reprocharle a Cristina Kirchner sus definiciones sobre Julio De Vido y de rechazar el armado de Unidad Ciudadana, a convertirse en uno de los aliados más visibles del camporismo en la disputa interna que atraviesa al peronismo.