24/06/2026 - Edición Nº1233

Internacionales

Brasil joven

Lula da Silva enfrenta un rechazo del 72% entre jóvenes, según AtlasIntel-Bloomberg

24/06/2026 | El desgaste del presidente brasileño expone una fractura generacional marcada por empleo, seguridad y rechazo al establishment.



Lula da Silva enfrenta un problema político que va más allá de una encuesta adversa: una parte de los jóvenes brasileños empieza a mirar al presidente como parte del pasado. El dirigente que durante décadas se presentó como símbolo de movilidad social hoy aparece, para muchos nuevos votantes, como la cara de un sistema que promete oportunidades pero entrega frustración. La izquierda brasileña conserva estructura territorial, sindicatos y memoria histórica, pero pierde frescura entre quienes no vivieron el primer lulismo como experiencia fundacional.

El dato más incómodo para el Palacio del Planalto es que el rechazo juvenil ya no puede atribuirse solo a la campaña bolsonarista. Una medición de AtlasIntel-Bloomberg difundida por Veja señaló que 72% de los brasileños de 16 a 24 años desaprobaban a Lula, con una muestra de 5.028 electores tomada entre el 18 y el 23 de marzo de 2026. Ese número golpea el corazón simbólico del PT: el partido que decía hablar por el futuro empieza a ser discutido precisamente por el futuro electoral del país. 

 


Brasil es la República Federativa de Brasil, el país más grande de América del Sur y el quinto más extenso del mundo.

La promesa que no llegó

La raíz del desgaste está en la distancia entre relato y realidad. Lula volvió al poder con una narrativa conocida: reconstrucción social, protección estatal y recuperación del ingreso. Sin embargo, para una generación más educada, conectada y expuesta al mercado digital, esa fórmula suena insuficiente. Muchos jóvenes no piden solo asistencia; piden empleo estable, salarios competitivos, seguridad y posibilidad real de progreso. El problema para Lula es que el discurso de justicia social se debilita cuando el ascenso social se transforma en espera permanente.

El gobierno puede mostrar indicadores laborales mejores que los de años anteriores, pero el malestar generacional no se agota en la tasa general de desempleo. El IBGE registró para el primer trimestre de 2026 una desocupación general de 6,1%, 6,6 millones de desocupados, 2,7 millones de desalentados y una subutilización de 14,3%. Es decir, Brasil puede exhibir recuperación estadística y, al mismo tiempo, mantener una masa de jóvenes que siente que trabaja más, estudia más y avanza menos. 


Jóvenes brasileños castigan a Lula por empleo débil, inseguridad y promesas incumplidas.

Seguridad, corrupción y cansancio

La seguridad pública también se convirtió en una grieta para Lula. La izquierda brasileña suele responder con lenguaje institucional, derechos humanos y prevención social, pero una parte del electorado joven vive el crimen como urgencia cotidiana. En ese terreno, la derecha encuentra una entrada directa: orden, castigo, cárceles, frontera y combate frontal a las facciones. No hace falta que todos esos planes sean técnicamente sólidos; basta con que parezcan más concretos que la retórica oficial.


El PT pierde atractivo generacional mientras la derecha capta frustración y deseo de orden.

La tercera fractura es moral. Lula carga con el desgaste acumulado del PT, la memoria de los escándalos de corrupción y la percepción de que la política tradicional se protege a sí misma. Para jóvenes que no tienen lealtad sentimental con el sindicalismo histórico ni con la épica de los años 2000, el presidente ya no representa novedad sino permanencia. Por eso el dato electoral más peligroso para Lula no es solo que Flávio Bolsonaro o nuevas figuras de derecha crezcan, sino que el antipetismo empiece a rejuvenecerse. AS/COA registra que la primera vuelta brasileña está prevista para el 4 de octubre de 2026 y describe la elección como una disputa en la que Lula busca otro mandato mientras Flávio Bolsonaro intenta heredar el capital político de su padre.