En el fútbol moderno existe una imagen que se ha vuelto habitual: jugadores profesionales que saltan al campo con agujeros visibles en la parte posterior de sus medias. Lo que comenzó como una práctica aislada terminó convirtiéndose en una costumbre aceptada en las principales ligas y competiciones del mundo.
Sin embargo, detrás de esta tendencia aparentemente inofensiva surge una pregunta que rara vez se plantea con la seriedad necesaria: ¿cómo puede una modificación deliberada de un elemento obligatorio del uniforme convivir con las exigencias reglamentarias que rigen el equipamiento de los futbolistas?
Allá por febrero de 2023 José Mourinho ridiculizó públicamente la situación compartiendo una serie de imágenes de unas medias agujereadas con la frase “Hermosas medias para el Juego Hermoso... aprobadas por las autoridades del fútbol".
Las medias no son un accesorio opcional. Forman parte del equipamiento obligatorio establecido por las Reglas de Juego. La lógica detrás de esta normativa es clara: garantizar uniformidad, seguridad e igualdad de condiciones para todos los participantes. Precisamente por ello existen restricciones sobre la vestimenta utilizada durante un partido oficial.
Resulta difícil imaginar que un futbolista pudiera presentarse con una camiseta recortada, un pantalón modificado o cualquier otro elemento alterado de manera evidente sin que ello generara observaciones por parte de los árbitros o de las autoridades de la competición. Sin embargo, cuando se trata de las medias, parece haberse instaurado una excepción no escrita.

Los jugadores, defensores de esta práctica, sostienen que los cortes reducen la presión sobre los músculos de la pantorrilla y mejoran la comodidad. Aun aceptando esa explicación, la cuestión de fondo permanece intacta. Si existe una necesidad fisiológica real, corresponde que los fabricantes desarrollen soluciones reglamentarias y homologadas, no que cada jugador modifique por su cuenta una parte del uniforme oficial reglamentario.
Por eso el debate también interpela a la industria deportiva. Si una gran cantidad de futbolistas profesionales decide modificar manualmente un producto diseñado para la alta competencia, quizás la pregunta no sea únicamente reglamentaria: también corresponde analizar si la indumentaria actual acompaña las necesidades del jugador moderno.
Las marcas invierten millones en tecnología aplicada al rendimiento, materiales, comodidad y prevención. Sin embargo, en este caso parece existir una solución artesanal creada por los propios protagonistas antes que una respuesta formal del mercado.
La fortaleza de cualquier reglamento no reside únicamente en su redacción, sino también en la consistencia con la que se aplica. Cuando una norma admite excepciones de hecho que nunca fueron formalmente aprobadas, se genera una zona gris que termina debilitando la credibilidad del sistema.
Con el objetivo de obtener una aclaración institucional sobre este asunto, recientemente me dirigí a The International Football Association Board (IFAB), organismo responsable de redactar las Reglas de Juego.
La respuesta recibida fue breve, pero reveladora. Desde IFAB señalaron que su función consiste en elaborar las reglas, mientras que la aplicación efectiva corresponde a los árbitros y a las autoridades competentes. En su respuesta expresaron: “IFAB crea las Reglas de Juego, pero no tiene autoridad sobre los árbitros, quienes son los encargados de aplicarlas, por lo que compartimos su frustración”.
Si bien IFAB no emitió una interpretación formal sobre la legalidad de la práctica, la respuesta tiene una lectura importante: el organismo no desestimó la preocupación planteada ni afirmó expresamente que las medias perforadas constituyan una práctica plenamente compatible con el espíritu de la Regla 4. Por el contrario, dejó expuesta una cuestión central: la distancia que puede existir entre la redacción de una norma y su aplicación práctica en el terreno de juego.

Este episodio pone de manifiesto un problema más amplio. El fútbol dedica enormes esfuerzos a perfeccionar cuestiones técnicas, tecnológicas y disciplinarias. Sin embargo, en ocasiones tolera pequeñas inconsistencias que terminan erosionando el principio fundamental de igualdad ante las reglas.
La discusión sobre las medias perforadas puede parecer menor frente a otros debates que atraviesan al deporte. Pero las reglas no se fortalecen únicamente en los grandes asuntos; también se fortalecen cuando se aplican con coherencia en los detalles.
Si el fútbol considera que esta práctica es aceptable, debería establecerlo de manera clara y transparente. Si, por el contrario, entiende que altera un elemento obligatorio del equipamiento, entonces corresponde que las autoridades encargadas de hacer cumplir las reglas actúen en consecuencia.
Porque en un deporte cuya legitimidad depende de la aplicación uniforme de sus normas, incluso un pequeño agujero en una media puede abrir una discusión mucho más grande sobre el respeto a las reglas.
Máximo Valenti.
Abogado. Analista de normativa y regulación deportiva