24/06/2026 - Edición Nº1233

Internacionales

Nuevo mapa regional

Keiko Fujimori queda a un paso del poder: Perú devuelve al centro una dinastía que divide al país

24/06/2026 | La candidata conservadora alcanzó una ventaja considerada irreversible en el balotaje peruano. Roberto Sánchez denuncia fraude sin pruebas y se niega a reconocer el resultado, en un país atravesado por la inestabilidad presidencial.



Perú quedó a las puertas de un nuevo giro político. Keiko Fujimori alcanzó una ventaja considerada irreversible en el balotaje presidencial y quedó encaminada a convertirse en la primera mujer elegida presidenta del país.

El resultado todavía no fue proclamado oficialmente por la autoridad electoral, pero el margen restante ya no alcanzaría para revertir la diferencia. Fujimori obtuvo una ventaja estrecha sobre el izquierdista Roberto Sánchez, quien denunció fraude sin presentar pruebas concluyentes y se negó a reconocer el desenlace. Observadores internacionales señalaron que la elección se desarrolló de manera normal.

El regreso del fujimorismo al poder no es una noticia electoral más. Es la vuelta al centro de una dinastía que divide a Perú desde hace décadas. Para sus seguidores, el apellido Fujimori está asociado a orden, estabilidad económica y derrota de la insurgencia. Para sus críticos, representa autoritarismo, violaciones a los derechos humanos y corrupción.

Keiko Fujimori abrazó con más fuerza el legado de su padre, Alberto Fujimori, durante la campaña. Su mensaje se apoyó en seguridad, mano dura, estabilidad económica y cercanía con Estados Unidos. Ese eje conectó con un electorado cansado del crimen, la crisis institucional y la sucesión de presidentes debilitados o destituidos.

Perú llega a este momento con una fragilidad extrema: ocho presidentes en ocho años, Congreso fragmentado, baja confianza ciudadana y una economía atravesada por desigualdades profundas. Fujimori puede ganar la presidencia, pero eso no significa que gane gobernabilidad.

El desafío será doble. Primero, construir mayoría en un Congreso atomizado. Segundo, demostrar que el fujimorismo puede ofrecer orden sin profundizar las heridas autoritarias que todavía pesan sobre la memoria política peruana.

El resultado también encaja en una tendencia regional más amplia: América Latina vuelve a girar hacia liderazgos conservadores que prometen seguridad, disciplina fiscal y más alineamiento con Washington. Colombia, Argentina, Ecuador y ahora Perú muestran que el lenguaje del orden volvió a tener potencia electoral.

Keiko Fujimori no solo está a un paso de la presidencia. Está a un paso de reabrir una pregunta que Perú nunca terminó de cerrar: si el deseo de orden puede reconciliarse con una democracia institucionalmente frágil.