24/06/2026 - Edición Nº1233

Internacionales

Cambio de hábitos

La nueva rutina europea por la ola de calor: trabajar de noche y cerrar escuelas

24/06/2026 | Jornadas adaptadas, refugios climatizados y monumentos con horarios reducidos reflejan el impacto de las temperaturas récord.



Las imágenes de termómetros superando los 40 grados en varias ciudades europeas ya dieron la vuelta al mundo. Sin embargo, más allá de los récords y las alertas meteorológicas, la actual ola de calor está dejando una transformación menos visible pero igual de significativa: millones de personas están modificando su forma de vivir, trabajar y estudiar para adaptarse a temperaturas que hasta hace pocos años parecían excepcionales.

Desde Francia hasta el Reino Unido, pasando por Italia, los Países Bajos y Suiza, autoridades, empresas y ciudadanos comenzaron a reorganizar actividades cotidianas para reducir la exposición al calor extremo. Los especialistas advierten que estas medidas podrían convertirse en una realidad cada vez más frecuente en un continente que se calienta más rápido que el promedio mundial.


Cientos de escuelas del Reino Unido redujeron horarios o suspendieron actividades ante temperaturas inéditas para junio y las advertencias sanitarias emitidas por las autoridades.

Trabajar cuando cae el sol

Uno de los cambios más notorios se observa en el mundo laboral. En distintas regiones agrícolas de Francia, productores y cooperativas trasladaron parte de las tareas a horarios nocturnos para proteger a los trabajadores y disminuir el riesgo de incendios.

Las empresas constructoras también modificaron jornadas para evitar las horas más peligrosas del día. A diferencia de otros lugares acostumbrados a temperaturas extremas, Europa no cuenta con una normativa unificada para el trabajo bajo calor intenso, por lo que cada país y cada sector buscan soluciones propias.

La situación está obligando a replantear rutinas históricas. Actividades que tradicionalmente se realizaban durante la mañana o la tarde comienzan a desplazarse hacia la madrugada o la noche.

Escuelas vacías y trenes más lentos

El sistema educativo tampoco escapó al impacto. Cientos de escuelas británicas cerraron temporalmente o redujeron sus horarios ante el riesgo que representan las altas temperaturas para alumnos y docentes.

El transporte sufrió problemas similares. Varias líneas ferroviarias aplicaron restricciones de velocidad debido al calentamiento de las vías, mientras que algunos servicios fueron cancelados para evitar accidentes o daños en la infraestructura. En los Países Bajos también se suspendieron actividades deportivas al aire libre y numerosos establecimientos educativos adaptaron sus jornadas para enfrentar temperaturas inusuales para la región.

Los nuevos refugios climáticos

Otra de las postales más llamativas de esta ola de calor llegó desde Suiza, donde algunas autoridades locales habilitaron salas de cine con aire acondicionado para que los vecinos pudieran refugiarse durante las horas más sofocantes.

En distintas ciudades europeas también se abrieron edificios públicos climatizados y espacios de descanso destinados especialmente a adultos mayores, personas con problemas de salud y ciudadanos sin acceso a sistemas de refrigeración en sus hogares. La idea de los llamados "refugios climáticos" comenzó a ganar terreno en los últimos años y aparece cada vez con más frecuencia en los planes de emergencia urbana.

El turismo también se adapta

La industria turística, uno de los motores económicos del continente, también debió reaccionar. La Torre Eiffel y el Museo del Louvre modificaron sus horarios de funcionamiento para proteger tanto a visitantes como a trabajadores. En Florencia, la Galería Uffizi suspendió temporalmente la venta de entradas mientras resolvía problemas en su sistema de aire acondicionado.

La Semana de la Moda de París tampoco quedó al margen. Varias marcas adelantaron sus desfiles a las primeras horas de la mañana para evitar que modelos, trabajadores e invitados quedaran expuestos a las temperaturas más elevadas de la jornada.

Un anticipo del futuro

Los meteorólogos comparan este episodio con la histórica ola de calor de 2003, que provocó unas 80.000 muertes en Europa y cambió para siempre la percepción del riesgo climático en el continente.

Más de dos décadas después, las temperaturas extremas vuelven a poner a prueba ciudades, infraestructuras y sistemas sanitarios. Pero esta vez la diferencia es que Europa parece estar empezando a reorganizar su vida cotidiana alrededor del calor. Lo que hoy se presenta como una medida excepcional podría convertirse en una parte habitual de la rutina de millones de personas durante los veranos del futuro.