La interna del peronismo bonaerense volvió a exhibirse sin filtros. El discurso que pronunció Máximo Kirchner durante el banderazo realizado en Parque Lezama no quedó circunscripto a una sola jornada.
Por el contrario, abrió una nueva etapa de cuestionamientos desde el cristinismo hacia sectores que orbitan alrededor de Axel Kicillof y, en algunos casos, hacia el propio gobernador.
Lo que comenzó el sábado con las palabras del líder de La Cámpora tuvo continuidad durante los días posteriores a través de dirigentes que funcionan como principales voceros del cristinismo. Entre ellos sobresalieron Teresa García y Facundo Tignanelli. Del otro lado, la reacción del kicillofismo fue llamativamente moderada.
Facundo Tignanelli apuntó con todo contra Carli Bianco
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“NO TE VAN A SERVIR NI EL CAFÉ”. https://t.co/E0MZE0cYKc pic.twitter.com/q1x8jw7vM3
La estrategia comunicacional del gobernador quedó prácticamente concentrada en Carlos Bianco, ministro de Gobierno y uno de los funcionarios de máxima confianza de Kicillof.
Lejos de responder con dureza, Bianco optó por un tono conciliador. Evitó confrontar directamente con Máximo Kirchner y se limitó a pedir que las diferencias internas no ocupen el centro de la escena.
"Los compañeros no deberían criticarse entre sí", sostuvo en su habitual conferencia de prensa. “Somos pocos criticando a Milei", dijo en otra entrevista, ahí sí de forma más filosa.
La observación buscó marcar que, mientras el Movimiento Derecho al Futuro intenta focalizar sus cuestionamientos en el Gobierno nacional, buena parte de la energía política del kirchnerismo duro continúa concentrada en la situación judicial de Cristina Kirchner y en las disputas internas del peronismo.
La decisión de Bianco de no escalar el conflicto parece responder a una estrategia deliberada de Kicillof: evitar una confrontación abierta con Cristina y La Cámpora. Sin embargo, esa misma postura también expone las limitaciones políticas que enfrenta el gobernador dentro de la estructura institucional bonaerense.
Continúa la interna en el peronismo.
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Carlos Bianco defendió la inocencia de CFK, pidió que cada sector trace su propio camino y bajó un mensaje hacia adentro: “El verdadero problema es Milei, las críticas no tienen que ser para un compañero”.
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La demostración más evidente de esa debilidad se produjo en el Senado provincial. Allí, el cristinismo no necesitó emitir comunicados ni organizar conferencias de prensa para hacer sentir su peso. Bastó con observar el desarrollo de la última sesión.
Los protagonistas fueron dos dirigentes que no responden al gobernador: Sergio Berni y Mario Ishii.
Ambos aprovecharon el debate para lanzar mensajes políticos que impactaron de lleno sobre la administración provincial.
Ishii reclamó la declaración de la emergencia social y sanitaria en la provincia de Buenos Aires, una demanda que indirectamente coloca bajo cuestionamiento la gestión bonaerense.
Berni, por su parte, eligió un camino todavía más directo. Durante su intervención, palabras más palabras menos, recordó que Kicillof es Kicillof gracias a Cristina.
Todo ocurrió frente a la vicegobernadora Verónica Magario, quien debió administrar una situación incómoda.
Como presidenta del Senado, Magario quedó ubicada en una posición particularmente delicada.
Su desafío fue evitar que la sesión se transformara en una tribuna permanente contra el gobernador, pero sin abandonar el rol institucional que le corresponde ejercer. La vicegobernadora intentó mantener el equilibrio, aunque su tono "sobrador" generó más exasperación. Ni hablar cuando le cortó el micrófono a Ishii por exceder los 5 minutos acordados para cada intervención.
Sin embargo, el dato político relevante fue otro: no aparecieron voces de peso dispuestas a defender activamente a Kicillof dentro del recinto.
Más allá de que cualquier estrategia de prudencia, la vulnerabilidad política del gobernador en la Cámara alta responde a una realidad estructural: de los 46 integrantes del Senado bonaerense, apenas cinco pueden ser identificados como parte del núcleo político alineado con Kicillof. Hablamos de Fernando Coronel, Pedro Borgini, Ayelén Durán, Germán Lago y Jorge Paredi.
Encima, ninguno de esos nombres posee actualmente el volumen político ni el protagonismo parlamentario de dirigentes como Berni, Ishii o Fernanda Raverta, otra de las figuras vinculadas al camporismo que tuvo participación destacada durante la sesión.
La ofensiva verbal que comenzó en Parque Lezama parece lejos de haber concluido.
Las últimas 48 horas mostraron a dirigentes como Facundo Tignanelli profundizando críticas contra distintos sectores del peronismo, desde Juan Manuel Abal Medina hasta referentes cercanos al gobernador.
Mientras tanto, Kicillof mantiene una estrategia de prudencia pública y evita responder directamente. La incógnita es cuánto tiempo podrá sostener ese equilibrio.
Porque más allá del silencio que hoy parece táctico, la composición real de la Legislatura bonaerense muestra que el gobernador deberá transitar lo que resta de 2026 y buena parte de 2027 con un Senado donde predominan dirigentes que no necesariamente forman parte de su esquema político de confianza.