El juicio por la muerte de Diego Armando Maradona entra este jueves en una etapa sensible. Tres enfermeros que formaron parte del equipo encargado de asistir al exfutbolista durante su internación domiciliaria en el country San Andrés, en Benavídez, comparecerán ante el tribunal en una audiencia que podría arrojar nueva luz sobre cómo fueron sus últimos días.
Se trata de Aldo Arnez Zenteno, Tamara Débora Mansilla y Diana Loreley Cáceres, todos integrantes de Medidom, la empresa de cuidados domiciliarios contratada por Swiss Medical para el seguimiento clínico de Maradona tras su externación.
Los tres testigos participaron del grupo de WhatsApp denominado “Tigre”, una de las pruebas más relevantes del debate oral. En ese chat, médicos, coordinadores y enfermeros intercambiaban mensajes sobre el estado de Maradona: si aceptaba tomarse los signos vitales, si ingería la medicación recetada y cómo evolucionaban su ánimo y conducta.
En esas conversaciones también intervenían varios de los actuales imputados: el coordinador de enfermería Mariano Perroni; la jefa de cuidados domiciliarios de Swiss Medical Nancy Edith Forlini; el médico clínico Pedro Di Spagna; y los enfermeros Ricardo Almirón y Dahiana Gisela Madrid.

Todos están acusados por el presunto delito de homicidio simple con dolo eventual, figura penal que prevé penas de entre 8 y 25 años de prisión. Madrid, sin embargo, será juzgada en un proceso separado mediante jurado popular.
La audiencia llega además después de una jornada marcada por tensiones entre los propios acusados. En la última sesión, Pedro Di Spagna pidió la palabra para responder públicamente al neurocirujano Leopoldo Luque, exmédico de cabecera de Maradona, y deslindar responsabilidades.
“Él era el médico de cabecera. Los médicos interconsultores, como fui yo, solamente podemos sugerir. La decisión final es de los médicos tratantes”, sostuvo el clínico ante los jueces, en una declaración que dejó expuesta la puja interna por establecer quién tenía el control real sobre el tratamiento.
Además de Luque, también están imputados la psiquiatra Agustina Cosachov y el psicólogo Carlos Díaz, señalados por la fiscalía junto al resto del equipo médico por las condiciones en las que se desarrolló la internación domiciliaria.
Maradona murió el 25 de noviembre de 2020, a los 60 años, como consecuencia de un edema agudo de pulmón secundario a una insuficiencia cardíaca crónica reagudizada. Cinco años después, el debate judicial sigue girando alrededor de una pregunta central: si su muerte pudo haberse evitado.