El 26 de junio de 2020, el entonces presidente Alberto Fernández anunció un fuerte endurecimiento de la cuarentena en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), en medio del crecimiento acelerado de los contagios de coronavirus.
La decisión implicó volver a una fase de restricciones mucho más severa, limitar nuevamente la circulación, cerrar la mayoría de los comercios y reforzar los controles, en una de las etapas más recordadas de la pandemia.
A seis años de aquel anuncio, el episodio permanece como uno de los hitos políticos y sanitarios más importantes del gobierno del Frente de Todos. La medida fue presentada como una respuesta al fuerte aumento de casos que registraban la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, mientras el Ejecutivo advertía sobre el riesgo de saturación del sistema de salud.

Para fines de junio de 2020, Argentina llevaba más de cien días de aislamiento obligatorio. Sin embargo, el virus había comenzado a expandirse con rapidez en el AMBA, donde se concentraba la inmensa mayoría de los casos.
En aquella conferencia de prensa, Alberto Fernández apareció acompañado por el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, en una de las últimas imágenes de fuerte coordinación política entre las tres administraciones.
El Presidente sostuvo que "el problema lo tenemos en el AMBA" y remarcó que la Ciudad y el conurbano "son una sola cosa, más allá de que exista la General Paz". Explicó que en apenas veinte días los contagios habían aumentado un 147% y las muertes un 95% en esa región.
La principal decisión fue retroceder a un esquema similar al de los primeros meses del aislamiento.
Desde el 1° hasta el 17 de julio únicamente pudieron funcionar los comercios considerados esenciales. También se restringió nuevamente la circulación y el uso del transporte público quedó reservado exclusivamente para trabajadores esenciales.
Entre las medidas anunciadas se encontraban:
El objetivo declarado era reducir drásticamente la movilidad para intentar frenar la velocidad de transmisión del coronavirus.

Uno de los pasajes más recordados del mensaje presidencial llegó hacia el final del discurso.
Alberto Fernández defendió las restricciones argumentando que la prioridad era preservar la vida y sostuvo una frase que luego sería ampliamente citada durante el debate público sobre la pandemia.
"No saben cuánto valoro la libertad, pero la verdad quiero recordarles, la libertad se pierde siempre cuando uno muere. Para ser libres hay que vivir, cuidemos la vida”, lanzó.
También pidió a la población acompañar las medidas para evitar una situación similar a la vivida en algunos países europeos: "Si entienden que queremos que no nos pase lo que pasó en Europa donde las camas se agotaron y tuvieron que elegir quién se salvaba y quién no se salvaba, entenderán más fácil".

Consciente del efecto económico que tendría un nuevo cierre, el Gobierno anunció la continuidad de varios programas de asistencia.
Fernández confirmó la extensión del programa ATP para ayudar al pago de salarios privados y anunció una tercera edición del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) para el AMBA, Chaco y otras zonas que pudieran requerirlo.
Además, recordó la disponibilidad de créditos a tasa cero para monotributistas, autónomos y pequeños comerciantes, garantizados por el Estado.
"Nosotros tratamos de socorrer a todos en la medida de lo que podemos", afirmó el mandatario, al reconocer las dificultades económicas que atravesaban comerciantes, profesionales independientes y empresas.

Otro de los pilares del anuncio fue la profundización del Plan Detectar. El Gobierno buscaba incrementar los testeos, localizar rápidamente a los contactos estrechos de cada caso positivo y aislarlos para cortar las cadenas de contagio.
Fernández explicó que se reforzaría la cantidad de testeos y la capacidad diagnóstica, al tiempo que pidió colaboración de quienes fueran convocados a aislarse preventivamente.
"Es aislarse cuando la autoridad propone, es preservar la salud de ustedes, de sus seres queridos", expresó.
Durante la misma jornada, Horacio Rodríguez Larreta también justificó las nuevas restricciones.
El entonces jefe de Gobierno porteño sostuvo que "estamos entrando en una nueva etapa de la pandemia" y explicó que el crecimiento exponencial de contagios obligaba a adoptar "decisiones más drásticas".
Además, pidió especialmente a los adultos mayores permanecer en sus hogares, al recordar que representaban alrededor del 80% de los fallecidos por COVID-19. "Quédense en sus casas", insistió durante su intervención.