El silbatazo inicial de un Mundial no solo pone en marcha la pasión futbolera. También activa otro ritual cada vez más instalado frente a la pantalla: picadas abundantes, snacks ultraprocesados y bebidas azucaradas o alcohólicas que, consumidos sin control, pueden pasar factura al organismo.
Desde la Dirección de Alimentación del Hospital de Clínicas José de San Martín, especialistas advirtieron que los grandes eventos deportivos suelen estar asociados a hábitos poco saludables, aunque también representan una oportunidad para repensar la relación entre comida, ansiedad y entretenimiento.
“La meta no es buscar la perfección, sino encontrar un equilibrio sostenible en el tiempo”, explicó Solana Argüeso, licenciada en Nutrición e integrante del Hospital de Clínicas.
Según la especialista, una mesa para ver fútbol no necesita resignar sabor para ganar calidad nutricional. “Una picada saludable puede ser igual de rica y variada que una tradicional. La clave está en priorizar alimentos frescos y con buen aporte nutricional”, sostuvo.
El problema no suele estar solo en qué se come, sino también en cómo y por qué se come durante un partido.

La tensión del juego, el estrés y la expectativa pueden alterar incluso el funcionamiento digestivo. Acidez, pesadez, distensión abdominal o molestias gastrointestinales son algunas de las consecuencias frecuentes de comer rápido, sin registro o en exceso.
Argüeso advirtió además que muchas personas consumen alimentos de manera casi automática mientras siguen el partido, lo que favorece el picoteo impulsivo.
Ese patrón suele repetirse con productos como papas fritas, nachos, palitos y chizitos, alimentos ultraprocesados con altas cantidades de sodio, grasas de baja calidad y aditivos, pero con escaso aporte de fibra, vitaminas o minerales.
Por eso, una de las recomendaciones centrales es no llegar al partido con hambre excesiva. Realizar una comida equilibrada previamente ayuda a reducir la necesidad de comer por impulso.
La propuesta del Hospital de Clínicas no busca eliminar el momento social alrededor del fútbol, sino transformarlo con opciones más saludables.
Entre las alternativas sugeridas aparecen bastones de zanahoria y apio, dips de Hummus, guacamole casero, tomates cherry, quesos magros, frutos secos sin sal y pochoclo casero con poca sal.
También recomiendan mini sándwiches integrales de pollo o atún, brochettes de frutas frescas, pinchos de queso con tomate cherry y ensaladas individuales.
En materia de hidratación, la recomendación principal sigue siendo el agua, además de aguas saborizadas naturalmente con limón, naranja, pepino o menta, y bebidas sin azúcares agregados.
Los especialistas remarcan que algunas personas deben prestar atención extra durante estos encuentros. Quienes viven con hipertensión, diabetes o enfermedades cardiovasculares deberían planificar con anticipación qué van a comer, limitar alimentos con exceso de sal, grasas saturadas y azúcares simples, y respetar horarios habituales de comidas y medicación.
En personas con diabetes, además, se desaconsejan los ayunos prolongados seguidos de comidas abundantes, ya que pueden alterar el control glucémico.
Para los niños, estos encuentros pueden transformarse en una oportunidad para incorporar alimentos más saludables, como frutas, verduras, yogures o sándwiches pequeños, poniendo el foco en el momento compartido más que en la comida.
Los adultos mayores, en tanto, deben prestar especial atención a la hidratación, moderar el consumo de sal y alcohol, y priorizar alimentos de fácil digestión.
En definitiva, disfrutar un partido y comer bien no son objetivos incompatibles. El verdadero desafío, sostienen los especialistas, es que el entusiasmo por el juego no termine convirtiendo cada encuentro deportivo en un festival de excesos.