El mapa político italiano atraviesa uno de sus cambios más importantes de los últimos años. Matteo Salvini, el dirigente que llegó a dominar la derecha italiana con un discurso duro contra la inmigración, atraviesa su momento de mayor debilidad, mientras una nueva fuerza política le disputa el liderazgo de ese espacio y comienza a alterar los planes de la primera ministra, Giorgia Meloni.
Las últimas encuestas muestran que la Liga, el partido que Salvini convirtió en una fuerza nacional, ronda apenas el 6% de intención de voto. El dato contrasta con el histórico resultado obtenido en las elecciones europeas de 2019, cuando superó el 34% y se consolidó como una de las expresiones más fuertes del populismo europeo.

Gran parte de esa caída se explica por la aparición de Futuro Nazionale, el partido fundado este año por el exgeneral Roberto Vannacci. La nueva fuerza logró captar votantes desencantados con la Liga y dirigentes que consideran que Salvini perdió el rumbo al permanecer durante años dentro de distintos gobiernos.
La irrupción de ese espacio profundizó las tensiones internas. Mientras un sector mantiene su respaldo al actual líder, otros reclaman recuperar el perfil histórico de la Liga, centrado en la autonomía del norte de Italia, el desarrollo económico regional y los gobiernos locales.

Aunque Giorgia Meloni continúa siendo la dirigente con mayor respaldo del país y su partido mantiene una base electoral sólida, el debilitamiento de uno de sus principales socios amenaza el equilibrio de toda la coalición gobernante.
En el sistema político italiano, donde los gobiernos dependen de alianzas parlamentarias, la fortaleza del bloque resulta tan importante como la del partido más votado. Por eso, el retroceso de la Liga podría dificultar las aspiraciones del oficialismo de mantenerse en el poder tras las próximas elecciones generales previstas para 2027.
El contexto también cambió respecto de los años en que Salvini alcanzó su mayor popularidad. Si entonces la inmigración dominaba el debate público, hoy la inflación, el aumento del costo de vida, los precios de la energía y la situación económica aparecen entre las principales preocupaciones de los italianos.
A ese escenario se suman las críticas a su gestión como ministro de Transporte, marcada por reiterados problemas en la red ferroviaria y los retrasos del megaproyecto para construir un puente entre Sicilia y Calabria, una de sus principales promesas políticas.
En medio de ese panorama, algunos analistas incluso especulan con que Salvini podría abandonar el liderazgo nacional para competir por la alcaldía de Milán el próximo año, una posibilidad que gana fuerza mientras la Liga busca una estrategia para recuperar protagonismo.
Después de más de una década como uno de los rostros más influyentes de la derecha europea, el futuro político de Salvini ya no solo definirá el destino de su partido: también puede convertirse en un factor decisivo para determinar si Giorgia Meloni logra conservar el poder en Italia.