El mundo del coleccionismo está repleto de relatos sobre piezas maestras olvidadas que reaparecen en los lugares más inesperados, pero la suerte de Federico Castelluccio es verdaderamente envidiable. El actor, recordado por los fanáticos de la televisión por su papel en Los Soprano, se convirtió en el protagonista de un asombroso hallazgo en el mercado del arte. Lo que inicialmente parecía una adquisición menor terminó transformándose en el descubrimiento de una obra maestra perdida con un valor multimillonario.
En la ficción de la mafia de Nueva Jersey, Castelluccio hizo su debut durante la segunda temporada encarnando a Furio Giunta, un sicario importado directamente desde Italia que trabajaba a las órdenes de Tony Soprano y mantenía un vínculo cargado de tensión con Carmela. Fuera de los sets de filmación, la vida del intérprete está vinculada a una faceta mucho más refinada: además de ser un pintor profesional, es considerado un respetado especialista en el arte barroco europeo, una doble pasión que resultó clave para identificar el tesoro que tenía ante sus ojos.

El hallazgo se produjo de manera fortuita cuando el artista localizó la pintura en una galería de la ciudad de Fráncfort, donde el lienzo se ofrecía bajo una catalogación completamente errónea. Según relató el propio Castelluccio en una entrevista, la pieza figuraba simplemente como una "pintura sagrada italiana del siglo XVIII de San Sebastián". Guiado por su instinto y sus conocimientos técnicos, el actor decidió arriesgarse y adquirió la obra en una subasta por una suma cercana a los 140 mil, una cifra que incluyó tanto el precio de compra como los posteriores trabajos de restauración.
Tras concretar la compra, el intérprete dedicó entre tres y cuatro años de meticulosa investigación personal para intentar descifrar la verdadera autoría del cuadro. Para confirmar sus sospechas, recurrió al veredicto de dos de los académicos más prominentes y respetados en la materia: David Stone, de la Universidad de Delaware, y Nicholas Turner, historiador independiente y antiguo curador del Museo J. Paul Getty. Tras someter el lienzo a rigurosas pruebas de pigmentación química y análisis de rayos X, ambos expertos determinaron que la obra fue pintada entre 1632 y 1634 por la mano del maestro Giovanni Francesco Barbieri, mundialmente conocido por el apodo de Guercino.

La confirmación de la autoría de Guercino, un pintor célebre por su dominio del claroscuro, elevó exponencialmente el valor de la pieza, situándola en una estimación cercana a los 10 millones de dólares. Este rango de precio se alinea con los antecedentes del mercado para las obras del pintor italiano creadas durante su etapa de madurez, emulando transacciones históricas como la venta privada de la pieza desaparecida Cristo y la mujer de Samaria a un museo de Texas. Tras su autenticación, el cuadro viajó custodiado a Italia para ser exhibido con honores en el Castillo de Miradolo.