28/06/2026 - Edición Nº1237

Internacionales

Estado fallido

Maduro dejó un país vulnerable: la tragedia que agrava la falta de recursos

28/06/2026 | El desastre expone lo que pudo prevenirse si el régimen no hubiera destruido salud, servicios, inversión y control público.



Venezuela no llegó débil a la emergencia por accidente. La crisis humanitaria, el hambre, el deterioro de los hospitales, la destrucción de los servicios públicos y la corrupción acumulada fueron el resultado de años de concentración de poder bajo el régimen socialista de Nicolás Maduro. El terremoto golpeó la tierra, pero encontró un Estado previamente demolido.

La ayuda de Estados Unidos llega hoy sobre un país que intenta ponerse de pie con recursos externos, equipos de rescate, asistencia médica y apoyo logístico. Esa ayuda puede salvar vidas en lo inmediato, pero también deja una pregunta política inevitable: cuánto sufrimiento pudo haberse evitado si Venezuela hubiera conservado instituciones funcionales, inversión energética, protección civil profesional, infraestructura hospitalaria y controles reales contra el saqueo público.

 


Venezuela es un país de la costa norte de América del Sur, con diversas atracciones naturales. A lo largo de su costa en el Caribe, hay islas turísticas tropicales, entre ellas la Isla de Margarita y el archipiélago Los Roques. 

Lo prevenible

Ningún gobierno puede impedir un terremoto, pero sí puede reducir el número de muertos que deja una catástrofe. Venezuela necesitaba protocolos de evacuación, simulacros civiles, hospitales equipados, bomberos con maquinaria, reservas de combustible, comunicaciones de emergencia y edificios fiscalizados. En lugar de eso, el régimen priorizó propaganda, control político y lealtad militar mientras el país perdía capacidades básicas.

La tragedia revela la diferencia entre desastre natural y desastre institucional. El sismo explica el derrumbe físico, pero no explica por sí solo la falta de equipos, el colapso sanitario, la escasez de insumos, la precariedad eléctrica ni la necesidad de que vecinos busquen sobrevivientes con las manos. Lo que hoy aparece como emergencia fue durante años una advertencia ignorada por un poder que administró la pobreza como sistema.


El régimen de Maduro dejó hospitales, servicios y protección civil sin capacidad real hoy.

La factura política

El socialismo venezolano prometió justicia social y terminó dejando hambre, migración, corrupción y dependencia externa. Un país con una de las mayores reservas petroleras del mundo no debería necesitar auxilio urgente para sostener hospitales, mover maquinaria, atender heridos o reconstruir servicios esenciales. La paradoja venezolana es brutal: abundancia natural, miseria social y un Estado que perdió capacidad operativa después de años de uso político de la renta petrolera.

La reconstrucción solo será real si Venezuela rompe con la lógica que la llevó a este punto. La asistencia de Estados Unidos puede abrir una etapa de emergencia, pero no reemplaza reformas profundas: transparencia, justicia independiente, inversión privada, recuperación petrolera, descentralización de la protección civil y fin de la corrupción como método de gobierno. La lección es directa: lo que Maduro destruyó no se repara solo con ayuda; se repara desmontando el modelo que convirtió un país rico en una nación vulnerable.