La tragedia que golpeó a Venezuela abrió una respuesta solidaria desde Colombia. Tras los terremotos que dejaron cientos de muertos, miles de heridos y comunidades enteras en emergencia, Ana Lucía Pineda, esposa del presidente electo Abelardo De la Espriella, activó una campaña de donaciones para apoyar a las familias afectadas en el país vecino. La iniciativa busca reunir alimentos no perecederos, agua potable, ropa, cobijas, medicamentos, insumos médicos y artículos de higiene personal.
El llamado fue presentado como una acción humanitaria y no como una plataforma política. Pineda convocó a los colombianos a sumarse a través de la red Tigresas de la Patria, con un mensaje centrado en la cercanía entre ambos pueblos: Venezuela no está sola y Colombia puede ayudar desde sus ciudades, sus organizaciones y sus familias. En una emergencia de esta escala, la solidaridad deja de ser un gesto simbólico y se convierte en logística concreta.
La campaña habilitó puntos de acopio en ciudades como Barranquilla, Bogotá, Medellín y Cúcuta, según la información difundida por medios colombianos. La ubicación de esos centros permite ordenar las donaciones y canalizar los aportes hacia las zonas afectadas. El esquema busca resolver una necesidad central de toda emergencia: que la ayuda llegue clasificada, útil y con capacidad real de distribución.
El gesto también se inscribe en una respuesta internacional más amplia. Gobiernos de América, Europa y Asia ofrecieron ayuda humanitaria, equipos de rescate y asistencia técnica para Venezuela, mientras organizaciones civiles comenzaron a abrir canales de donación. En ese mapa de auxilio, la iniciativa de Pineda suma un componente ciudadano desde Colombia, el país con vínculos humanos, familiares y migratorios más profundos con Venezuela.
La dimensión binacional es clave. Colombia no mira la tragedia venezolana desde la distancia: la siente en la frontera, en sus ciudades y en los millones de vínculos familiares que cruzan ambos países. Por eso la ayuda promovida por Ana Lucía Pineda tiene un valor que va más allá de las cajas y los insumos. Es una señal de acompañamiento en un momento en que Venezuela necesita apoyo material, pero también respaldo humano.

La campaña todavía debe medirse por su capacidad de ordenar, transportar y entregar la ayuda recolectada. Pero su punto de partida es claro: convertir la conmoción por el desastre en una acción concreta. En medio de una catástrofe que obliga a dejar diferencias a un lado, la donatón impulsada por Pineda muestra una forma simple y necesaria de cooperación: reunir lo que una familia puede donar para que otra familia pueda resistir.