27/06/2026 - Edición Nº1236

Internacionales

Solidaridad civil

Rescate en Petunia: el gesto de un joven ingeniero que sostuvo la esperanza en Caracas

27/06/2026 | David Marzola, joven ingeniero venezolano, representa a los cientos de voluntarios que se sumaron al rescate en Los Palos Grandes tras el terremoto



En Los Palos Grandes, frente a los restos del edificio Petunia, la tragedia tuvo el sonido del concreto quebrándose, el polvo suspendido en el aire y el silencio angustiante de quienes esperaban noticias de sus familiares. Allí, entre bomberos, funcionarios de Protección Civil, rescatistas y vecinos, también estaba David Marzola, un joven ingeniero venezolano que decidió ofrecer su tiempo y su esfuerzo para colaborar en una operación que durante varios días mantuvo en vilo a todo el país. Su historia no busca sobresalir por encima de las demás; representa a cientos de ciudadanos que entendieron que, frente a una tragedia de esta magnitud, ayudar era la única opción posible.

El terremoto del 24 de junio, ocurrido el mismo día en que Venezuela conmemoraba la Batalla de Carabobo, dejó escenas difíciles de olvidar. El fuerte movimiento provocó derrumbes, deslizamientos de tierra y daños en distintas zonas de Caracas. En el edificio Petunia se concentró una de las operaciones de rescate más complejas. Durante horas, el sonido de herramientas especializadas se mezcló con los llamados de los familiares y con la esperanza de encontrar sobrevivientes bajo toneladas de concreto. Cada espacio abierto entre los escombros significaba una nueva oportunidad para quienes permanecían esperando una noticia.

 


Caracas, la capital de Venezuela, es un centro comercial y cultural ubicado en un valle montañoso del norte.

La fuerza de la sociedad civil

Las primeras horas de la emergencia demostraron que la solidaridad ciudadana continúa siendo uno de los mayores recursos de Venezuela en los momentos más difíciles. Vecinos llevaron agua y alimentos para los rescatistas, profesionales ofrecieron sus conocimientos técnicos y decenas de voluntarios colaboraron en todo aquello que permitiera agilizar el trabajo sin interferir con los especialistas. David Marzola se integró precisamente a esa cadena de apoyo, trabajando junto a quienes operaban equipos de oxicorte para abrir paso entre vigas y estructuras colapsadas. Nadie buscaba reconocimiento; el objetivo era contribuir a salvar vidas.

La emergencia también dejó enseñanzas importantes. En situaciones de desastre, cada minuto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Las críticas iniciales sobre la demora en algunos relevos dieron paso a una mejor organización durante las jornadas siguientes. Los equipos distribuyeron funciones con mayor coordinación y la llegada de rescatistas especializados, incluidos grupos internacionales con perros entrenados para localizar personas bajo los escombros, fortaleció una operación que nunca dejó de tener como prioridad la búsqueda de sobrevivientes. La experiencia recordó que la solidaridad necesita organización para alcanzar su máximo impacto.

Mucho más que una historia individual

En Petunia también quedó claro que ayudar implica actuar con respeto. Hubo momentos en los que el silencio era tan importante como el trabajo físico, porque cualquier sonido podía indicar la presencia de una persona con vida bajo los restos del edificio. También hubo espacio para contener a familias enteras que aguardaban noticias desde hacía días y para comprender que el rescate no solo exige fuerza, sino también sensibilidad. Esa combinación de profesionalismo y humanidad fue una constante entre quienes permanecieron en el lugar.

David Marzola representa a una generación de venezolanos que decidió involucrarse sin esperar nada a cambio. Su nombre es apenas uno entre muchos, pero sirve para contar una historia mayor: la de una sociedad que, incluso en medio del dolor, fue capaz de organizarse, colaborar y acompañar a quienes más lo necesitaban. En los escombros del edificio Petunia no solo se desarrolló una operación de búsqueda y rescate; también quedó al descubierto la capacidad de los venezolanos para unirse cuando las circunstancias más lo exigen.