El silencio dentro del departamento de Balvanera contrastaba con la violencia de la escena. Allí, en su casa de la Ciudad de Buenos Aires, yacía sin vida Marianela Rago, una joven estudiante de periodismo de apenas 19 años que había llegado desde el sur para construir su futuro. Lo que nadie imaginaba ese 27 de junio de 2010 era que su asesinato abriría una de las investigaciones criminales más largas, erráticas y dolorosas de los últimos años.
El crimen dejó desde el inicio más preguntas que respuestas. Marianela había sido atacada con una brutalidad que, con el correr del tiempo, sería determinante para la calificación judicial del caso. Sin embargo, pese a la gravedad del hecho, la causa avanzó durante años entre pericias, recursos y decisiones contradictorias que mantuvieron el expediente en una suerte de laberinto judicial.
En el centro de esa trama siempre apareció un nombre: Francisco Amador, expareja de la víctima.
Durante más de una década, Amador logró esquivar el juicio. Fue sobreseído en cinco oportunidades, una sucesión de resoluciones que alimentó la frustración y la bronca de la familia de Marianela, que nunca dejó de reclamar que la investigación siguiera adelante.

Mientras el expediente parecía empantanarse, sus padres y allegados insistían en una misma idea: el caso no estaba cerrado. Cada revés judicial reactivaba una pelea desigual contra el desgaste del tiempo, la burocracia y el riesgo de impunidad.
El punto de quiebre llegó años después, cuando la Cámara revocó el último sobreseimiento y ordenó profundizar la acusación contra Amador. Esa decisión cambió el rumbo del expediente y permitió que, finalmente, la causa llegara a juicio oral en septiembre de 2023.
En el debate, la fiscalía reconstruyó minuciosamente la secuencia previa al crimen. Pericias, testimonios y registros de comunicaciones entre Marianela y su expareja comenzaron a encajar como piezas de un rompecabezas que durante años había permanecido incompleto.
Para los jueces, ese conjunto probatorio alcanzó para derribar la duda.

En noviembre de 2023, el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N.º 29 declaró a Francisco Amador culpable de homicidio agravado por ensañamiento y alevosía y lo condenó a prisión perpetua.
La sentencia cerró judicialmente una historia atravesada por demoras, marchas y contramarchas, aunque dejó una marca imposible de borrar: Marianela no pudo ser reconocida legalmente como víctima de femicidio.
Cuando fue asesinada, en 2010, la figura de femicidio todavía no existía en el Código Penal argentino. Recién en 2012 sería incorporada como agravante. Por eso, aunque social y simbólicamente el caso hoy es leído bajo esa categoría, jurídicamente nunca pudo ser juzgado como tal.
A 16 años del crimen, el nombre de Marianela Rago sigue resonando más allá del expediente. Su historia se convirtió en un emblema de la perseverancia de las familias que se niegan a aceptar el archivo, el olvido o la impunidad.
Porque a veces la Justicia llega tarde. Pero incluso cuando tarda trece años, hay crímenes que se resisten a quedar enterrados.