Antes de ingresar a la función pública, Manuel Adorni era conocido por sus intervenciones en medios de comunicación. Contador de profesión, construyó parte de su perfil como analista económico en Radio Rivadavia, donde compartió aire con Nelson Castro, y como columnista en el programa de Baby Etchecopar en A24. Su presencia mediática y su alineamiento con las ideas de Javier Milei terminaron abriéndole la puerta de la Casa Rosada.

En diciembre de 2023 se transformó en el vocero presidencial y en uno de los principales intérpretes del discurso libertario. Más tarde asumió nuevas responsabilidades dentro del Gobierno, consolidándose como uno de los funcionarios de mayor exposición pública. Durante ese recorrido hubo episodios que definieron tanto su estilo como la estrategia comunicacional del oficialismo.
Si hubo un periodista que marcó las conferencias de prensa de Adorni, fue Fabián Waldman. Las preguntas incisivas del cronista derivaron en cruces cada vez más tensos que rápidamente trascendieron la sala de periodistas para convertirse en material cotidiano de las redes sociales.
Cada conferencia alimentaba un nuevo intercambio. La militancia libertaria celebraba las respuestas del vocero como "domadas", mientras que desde la oposición se reivindicaba el rol del periodista como uno de los pocos que insistía con preguntas incómodas. Con el tiempo, el contrapunto entre ambos terminó convirtiéndose en uno de los sellos comunicacionales de la gestión.
Uno de los momentos más cuestionados llegó cuando el Gobierno intentó justificar el endurecimiento de los controles sobre las pensiones por discapacidad. En una conferencia de prensa, Adorni exhibió la radiografía de un perro para argumentar que existían irregularidades en los certificados médicos presentados para acceder al beneficio.
La imagen buscaba respaldar el discurso oficial sobre supuestos fraudes en el sistema, pero terminó generando fuertes críticas de organizaciones vinculadas a la discapacidad y de la oposición, que acusaron al Gobierno de estigmatizar a personas con derechos adquiridos para defender el ajuste del gasto público. La escena quedó rápidamente instalada como uno de los episodios más controvertidos de su gestión como vocero.
Convencido de que buena parte de la prensa tradicional difundía información falsa o sesgada sobre el Gobierno, Adorni impulsó un ciclo oficial destinado a responder publicaciones periodísticas y desmentir versiones que consideraba incorrectas.
La propuesta fue rápidamente comparada con "6,7,8", el emblemático programa de la TV Pública durante los gobiernos kirchneristas, aunque con el objetivo inverso: cuestionar a los medios críticos desde una óptica oficialista.
El experimento tuvo escasa continuidad y nunca logró consolidarse como una herramienta de comunicación relevante, convirtiéndose en una de las iniciativas más efímeras de la administración libertaria.
No todas las polémicas tuvieron como escenario la Casa Rosada. Durante una exposición en el Congreso, el diputado Rodolfo Tailhade protagonizó uno de los cruces más ásperos con el entonces jefe de Gabinete.
En medio del debate, el legislador peronista dejó de lado las críticas políticas para hacer referencia a aspectos de la vida privada de la esposa de Adorni, en un episodio que elevó la tensión y generó un fuerte rechazo incluso entre dirigentes que mantenían diferencias con el funcionario.
El intercambio volvió a mostrar hasta qué punto la confrontación política había desplazado el debate sobre la gestión hacia el terreno de las descalificaciones personales.