En 1994 el menemismo -apoyado en el éxito transitorio del 1 a 1 con el dólar- había logrado la reforma constitucional que habilitó la reelección presidencial. Sin embargo, detrás de la estabilidad monetaria crecían el desempleo, la precarización laboral y el endeudamiento externo. La sensación de prosperidad convivía con una economía que empezaba a mostrar grietas cada vez más profundas. En ese marco, Menem ganó las elecciones de 1995.
El país también atravesaba una transición tecnológica. Internet apenas comenzaba a llegar a algunos hogares, los teléfonos celulares eran un lujo reservado para pocos y la televisión satelital permitía seguir el Mundial prácticamente en tiempo real. Francia 98 fue, para muchos argentinos, el último gran campeonato del siglo XX, que el país vivió sin imaginar el colapso que estaba por venir.
Daniel Passarella adumió como entrenador tras la salida de Basile, en 1994. El "Kaiser" -campeón del mundo como jugador en 1978 y en 1986- había construido un equipo sólido durante las Eliminatorias apostando por un recambio generacional. Sus abanderados eran Ariel Ortega, Diego Simeone, Claudio López, Juan Sebastián Verón y Javier Zanetti.
Junto a ellos estaban Roberto Sensini y Abel Balbo como únicos sobrevivientes del subcampeonato en Italia 90. Otro histórico que fue parte del ciclo fue Gabriel Batistuta. Maradona nunca fue convocado. Argentina llegó al Mundial como candidato al título, al ganar las Eliminatorias -por primera vez en el actual formato de todos contra todos- a pesar de haberlas arrancado con el pie izquierdo.
Argentina integró uno de los grupos más curiosos de la historia de los Mundiales. Compartió la zona H con Japón, Jamaica y Croacia, tres selecciones que disputaban su primera Copa del Mundo. Nunca antes un candidato al título había quedado emparejado con tres debutantes.
El conjunto de Passarella respondió con autoridad. Venció 1 a 0 a Japón, goleó 5 a 0 a Jamaica y derrotó 1 a 0 a Croacia para terminar con puntaje ideal. Además, fue el único de los 32 seleccionados que concluyó la fase de grupos sin recibir goles, un dato que suele quedar olvidado al repasar aquella campaña.
En octavos de final llegó uno de los mejores encuentros del torneo: Argentina frente a Inglaterra, doce años después del inolvidable cruce de México 86. En Londres el partido se convirtió en un asunto ineludible. Cuando quedó confirmado el cruce, los ingleses juraron que iban a tener revancha.
Batistuta abrió el marcador de penal. Inglaterra dio vuelta el resultado rápidamente, pero antes del descanso Javier Zanetti marcó el empate tras una brillante jugada preparada en un tiro libre ejecutado por Juan Sebastián Verón, que todavía no era acusado de "jugar para Inglaterra" cosa que le pasó en Corea-Japón 2002. Los cuatro goles llegaron durante el primer tiempo.
En el complemento no hubo diferencias y la clasificación se definió desde los doce pasos. Carlos Roa fue el héroe al contener el último penal inglés y Argentina avanzó a cuartos de final luego de una de las definiciones más recordadas en la historia de los Mundiales.
Con Inglaterra eliminada, en cuartos esperaba Holanda. Fue un partido parejo, intenso y de enorme nivel futbolístico. La Naranja Mecánica se puso en ventaja, pero Batistuta encontró el empate. Argentina controlaba el juego y Batigol estrelló una pelota en el palo.
Con el encuentro igualado, tallando pocos minutos Ariel Ortega se hizo expulsar por pegarle un cabezazo al arquero holandés. Después de la roja al argentino, Dennis Bergkamp, en la puerta del área argentina, recibió un pase de más de cincuenta metros. Dominó la pelota con una precisión extraordinaria, dejó atrás a Roberto Ayala y definió ante Roa para establecer el 2 a 1 definitivo.
Francia 98 marcó el debut mundialista de Croacia como nación independiente, apenas unos años después de la disolución de Yugoslavia. Lejos de conformarse con participar, eliminó a Rumania en octavos y goleó a Alemania en cuartos de final.
Solo cayó frente al anfitrión Francia en semifinales y luego derrotó a Holanda para quedarse con el tercer puesto. Su gran figura fue Davor Šuker, que resultó ser el máximo goleador del campeonato con seis tantos.
Brasil llegó nuevamente a la definición como campeón vigente y gran favorito. Sin embargo, horas antes del partido decisivo ocurrió uno de los episodios más enigmáticos de la historia de los Mundiales.
Ronaldo Nazário sufrió una convulsión en la concentración y durante varias horas nadie sabía si jugaría la final. Incluso su nombre apareció y desapareció de la planilla oficial mientras crecían versiones sobre una supuesta presión de los patrocinadores para que estuviera presente. Finalmente fue titular, aunque muy lejos de su mejor nivel.
Del otro lado esperaba Francia, que venía de eliminar por penales a Italia en cuartos, y a Croacia en semifinales con dos goles de Lilian Thuram. El el partido decisivo goleó por 3 a 0 a Brasil en la final con dos tantos de Zinedine Zidane y uno de Emmanuel Petit.
Francia 98 representó el cierre de varias etapas. Fue la primera Copa del Mundo sin Diego Maradona, retirado del fútbol un año antes. También fue el último Mundial de Diego Simeone como capitán argentino y la despedida mundialista de Bebeto con Brasil.
Romario, figura del título conseguido en Estados Unidos 94, quedó fuera de la convocatoria por lesión y nunca volvió a disputar un Mundial. Para Uruguay también significó el final simbólico de la era de Enzo Francescoli, que no pudo participar porque la Celeste había quedado eliminada en las clasificatorias.
Al mismo tiempo, el torneo terminó de consolidar una nueva generación de estrellas. Ariel Ortega, Ronaldo, Zinedine Zidane, Dennis Bergkamp, Michael Owen y Davor Šuker fueron algunos de los futbolistas que marcaron el inicio de una nueva época para el fútbol mundial.