La salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete no solo obligó al Gobierno a reorganizar su equipo político, sino que también abrió un nuevo escenario en el Senado, donde varias iniciativas estratégicas permanecían congeladas en medio de la crisis que atravesó el oficialismo. Con el foco político desplazado, la Casa Rosada intentará retomar negociaciones que llevan semanas sin avances.

Durante las últimas semanas, el caso Adorni monopolizó la agenda parlamentaria y complicó la capacidad del Gobierno para construir acuerdos. Mientras la oposición impulsaba pedidos de informes e iniciativas para interpelar al entonces funcionario, el oficialismo apenas logró avanzar con algunos proyectos de bajo impacto y designaciones judiciales.
El desafío ahora será comprobar si el cambio de escenario alcanza para recomponer el diálogo con los bloques aliados y los gobernadores, actores indispensables para aprobar las principales reformas que impulsa el presidente Javier Milei.
Entre los proyectos prioritarios aparece la Ley de Propiedad Privada, una iniciativa que flexibiliza el régimen para la adquisición de tierras por parte de extranjeros y redefine el rol de las provincias en esas operaciones. El texto estuvo cerca de llegar al recinto, pero las diferencias con bloques dialoguistas y la falta de quórum terminaron postergando su tratamiento.

También continúa pendiente la reforma electoral, uno de los objetivos políticos más ambiciosos del Gobierno. El proyecto contempla la eliminación de las PASO, la incorporación de Ficha Limpia, modificaciones en el financiamiento de los partidos políticos y cambios en el reconocimiento de fuerzas nacionales. Sin embargo, la resistencia de sectores de la UCR, el PRO y varios gobernadores mantiene las negociaciones estancadas.
A esas iniciativas se suma el denominado Súper RIGI, que ya cuenta con media sanción de Diputados y busca atraer inversiones mediante beneficios fiscales, cambiarios y aduaneros para sectores considerados estratégicos por el Ministerio de Economía.
La reorganización del Gabinete también abre interrogantes sobre quién asumirá la conducción política de las negociaciones parlamentarias. En ese contexto, el nombre de Diego Santilli aparece entre los dirigentes mencionados para ocupar un rol central en la articulación con el Congreso, aunque el Gobierno todavía no confirmó definiciones.

Más allá de los cambios de nombres, el oficialismo enfrenta un desafío mayor: demostrar que puede recuperar capacidad de negociación después de una crisis que condicionó buena parte de su agenda legislativa. El tratamiento de las reformas pendientes será una de las primeras pruebas para medir si la salida de Adorni permitió al Gobierno dejar atrás el conflicto o si las dificultades para construir mayorías seguirán marcando el ritmo del Congreso.