Entre el Mundial de Francia 1998 y Corea-Japón 2002, la Argentina atravesó un período que transformó para siempre su historia. Los últimos años del gobierno de Carlos Menem dieron paso a la llegada de Fernando de la Rúa, cuyo mandato quedó rápidamente condicionado por la recesión económica, el aumento del desempleo y una deuda externa cada vez más difícil de sostener.
El estallido llegó en diciembre de 2001. El "corralito" financiero, las masivas protestas, la represión que dejó decenas de muertos y la renuncia de De la Rúa sumieron al país en una crisis institucional sin precedentes. En apenas dos semanas se sucedieron cinco presidentes, mientras millones de argentinos enfrentaban la pérdida de sus ahorros y un acelerado deterioro de las condiciones de vida.
Cuando la Selección viajó a Corea y Japón, el país todavía intentaba recomponerse del colapso económico. Eduardo Duhalde había asumido la presidencia el 2 de enero de 2002 y la devaluación había puesto fin a la Convertibilidad. En ese escenario complicado, el equipo de Bielsa cargaba con una enorme expectativa popular alimentada por una campaña excepcional en las Eliminatorias Sudamericanas. La ilusión duró apenas tres partidos y se convirtió en el mayor fracaso de la historia de la Selección, por encima del “Desastre de Suecia 1958”.
Considerado uno de los grandes favoritos al título, el conjunto argentino debutó con una victoria sobre Nigeria, cayó ante Inglaterra en la segunda fecha y pese a estar obligado a ganar, apenas empató frente a Suecia.
Los resultados provocaron una eliminación dolorosa, pero no inesperada. Basta ver el llamativo comportamiento de Juan Sebastián Verón -lejos de su nivel habitual- frente a Inglaterra y frente a Suecia para sacar conclusiones.
La Argentina quedó afuera en la fase de grupos después por tercera vez. Antes había ocurrido en Suecia 1958 y en Chile 1962. La Selección tenía un equipo titular y una nómina de suplentes que le permitía soñar, pero el entrenador no puso a sus dos mejores delanteros (Batistuta y Hernán Crespo) cuando era necesario, no sacó a Verón por bajo rendimiento y pudiendo llevar a un arquero de nivel, eligió convocar a Pablo Cavallero, suplente de José Luis Chilavert en Vélez.
A pesar del rotundo fracaso -motivado por exigir físicamente a los jugadores por encima de los límites, por aferrarse a ideas de juego que en la práctica no funcionaban y por carecer de variantes- el inefable Bielsa continuó en el cargo hasta después de los Juegos Olímpicos Atenas 2004. Ahí le fue mejor: alcanzó la medalla de oro al derrotar en la final 1-0 a Paraguay. Al regreso a Buenos Aires el técnico dejó el cargo.
En medio de la frustración colectiva, Gabriel Batistuta logró escribir una página dorada para el fútbol argentino. El gol convertido frente a Nigeria le permitió alcanzar los 10 tantos en Copas del Mundo y transformarse en el máximo goleador argentino de la historia de los Mundiales.
La marca permaneció vigente durante veinte años y parecía difícil de superar. Sin embargo, Lionel Messi terminó batiéndola durante el Mundial de Qatar 2022, donde condujo a la Selección hacia su tercera estrella.
La Copa del Mundo de 2002 quedó marcada por una sucesión de sorpresas que alteró todos los pronósticos. Tres campeones del mundo se fueron en primera ronda.
Le pasó a Francia –vigente campeona- a Uruguay –que volvía a la alta competencia después de doce años- y a la Argentina. Lo curioso del caso es que Francia y Uruguay compartieron zona con Senegal y Dinamarca, que los dejaron afuera.
Una Selección que sorprendió al planeta: Corea del Sur. Dirigidos por el holandés Guus Hiddink, los anfitriones se convirtieron en el primer equipo asiático en alcanzar las semifinales de una Copa del Mundo.
Sin embargo, su histórica campaña estuvo rodeada de controversias. Las eliminaciones de Italia en octavos de final y de España en cuartos dejaron una enorme cantidad de reclamos arbitrales, goles anulados y decisiones que hoy no pasarían el control del VAR.
La final de Yokohama también quedó reservada para la historia. Pese a ser las dos selecciones más exitosas del planeta, Alemania y Brasil jamás se habían enfrentado en una Copa del Mundo. El choque decisivo de 2002 representó el primer duelo mundialista entre ambos gigantes del fútbol.
Brasil se impuso por 2 a 0 gracias a dos goles de Ronaldo y conquistó su quinto título mundial, una marca que sigue siendo récord absoluto. El delantero, además, se consagró goleador del torneo y completó una extraordinaria recuperación luego de las graves lesiones que habían puesto en duda su carrera.
Además de las sorpresas deportivas, el Mundial dejó una serie de particularidades que lo volvieron inolvidable. Ronaldo popularizó uno de los cortes de cabello más extraños de la historia de las Copas del Mundo: una cabeza prácticamente rapada con un pequeño mechón triangular en la parte frontal, una imagen que rápidamente dio la vuelta al planeta.

La competencia también registró el gol más rápido de la historia de los Mundiales hasta ese momento. El turco Hakan Şükür tardó apenas 11 segundos en marcar frente a Corea del Sur en el partido por el tercer puesto. Turcos y coreanos fueron la revelación del torneo.
Otro hito fue la participación de China, hasta hoy, la única vez del gigante asiático en un Mundial. Además, el torneo estrenó el balón Fevernova, diseñado por Adidas, cuyo aspecto rompió con la tradicional estética de los balones utilizados hasta entonces y se convirtió en uno de los más recordados por los aficionados.