Una tragedia sacudió este domingo al noreste de Francia, donde un avión utilizado para realizar saltos en paracaídas se estrelló apenas instantes después de despegar y provocó la muerte de las once personas que viajaban a bordo. El accidente ocurrió cerca del aeropuerto de Nancy-Essey, en la localidad de Tomblaine, y movilizó a un amplio operativo de emergencia.
Entre las víctimas había cinco alumnos de una escuela de paracaidismo, cinco instructores y el piloto. Varios familiares de los estudiantes se encontraban en el aeródromo para presenciar el salto y terminaron siendo testigos de la tragedia.
El avión, un Pilatus PC-6 Turbo Porter, despegó con normalidad alrededor de las 11 de la mañana. Sin embargo, segundos después comenzó a perder altura y cayó casi en vertical a unos 300 metros de la pista.
Un testigo relató que el motor dejó de escucharse de forma repentina, como si se hubiera apagado, aunque aseguró que no vio humo, llamas ni explosiones antes del impacto. La aeronave terminó destruida sobre una ciclovía ubicada junto a un centro comercial y un barrio residencial.
Las autoridades destacaron que el desenlace pudo haber sido aún peor. Según explicaron, el avión cayó a escasos metros de viviendas y de una zona muy transitada. Un pequeño cambio en la trayectoria podría haber provocado víctimas también entre quienes estaban en tierra.

Los ocupantes pertenecían a una escuela de paracaidismo que operaba desde el aeropuerto regional de Nancy-Essey. Entre ellos había instructores experimentados y alumnos que realizaban un salto de iniciación. Medios franceses señalaron además que varios de los estudiantes eran futuros profesionales de la salud que habían organizado la actividad como una experiencia grupal.
La magnitud de la tragedia obligó a desplegar un equipo de asistencia psicológica para acompañar a los familiares y a los testigos que presenciaron el accidente.
Por el momento, los investigadores no confirmaron cuál fue la causa del siniestro. La principal hipótesis es reconstruir los últimos segundos del vuelo mediante el análisis del motor, el historial de mantenimiento de la aeronave, las comunicaciones con la torre de control y los testimonios de quienes observaron el despegue.

Uno de los aspectos que llamó la atención es que el avión no contaba con cajas negras, ya que este tipo de aeronaves ligeras destinadas al paracaidismo no está obligada a llevar registradores de vuelo como los utilizados en los aviones comerciales. Esa ausencia obligará a los especialistas a reconstruir el accidente a partir de las evidencias físicas y de los registros disponibles.
Los investigadores tampoco descartan analizar si la intensa ola de calor que afecta a gran parte de Europa pudo haber influido de alguna manera en el rendimiento de la aeronave. La región había registrado el día anterior un récord histórico de temperatura, aunque por ahora no existe ninguna prueba que vincule ambos hechos.
El accidente ya es considerado uno de los más graves ocurridos en Francia en una operación de paracaidismo en las últimas décadas y abrió una compleja investigación para determinar por qué un vuelo que debía durar apenas unos minutos terminó convirtiéndose en una de las peores tragedias aéreas del año.