Aunque el gobierno de Javier Milei construyó buena parte de su discurso sobre la austeridad y la reducción de los privilegios del Estado, el registro oficial de obsequios a funcionarios muestra otra cara de la administración. La documentación pública revela que ministros y altos funcionarios recibieron cientos de regalos durante su paso por el Ejecutivo, desde alimentos y artesanías hasta joyas, relojes y artículos de lujo.
El relevamiento, elaborado a partir del Registro de Obsequios a Funcionarios Públicos del Ministerio de Justicia, refleja fuertes diferencias entre los integrantes del Gabinete. En medio de la reconfiguración provocada por la salida de Manuel Adorni y la llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete, el listado volvió a quedar bajo la lupa por el contraste entre el discurso oficial y las prácticas permitidas por la normativa vigente.

El ranking es encabezado por Patricia Bullrich, con 203 obsequios registrados, seguida por Karina Milei con 135. Más atrás aparecen Luis Petri y Diana Mondino, ambos con 33 regalos; Federico Sturzenegger con 25; Pablo Quirno y Alejandra Monteoliva con 18 cada uno. Sandra Pettovello figura con ocho, mientras que Manuel Adorni registró únicamente dos presentes durante su gestión.
Entre los obsequios declarados aparecen algunos de alto valor. La entonces canciller Diana Mondino recibió una pulsera Swarovski entregada por el embajador de Emiratos Árabes Unidos, mientras que Luis Petri incorporó gemelos, relojes deportivos, alhajas y otros artículos, varios de ellos entregados en la vía pública y sin que conste la identidad de quien los obsequió.

En el caso de Patricia Bullrich, el registro incluye una pulsera recibida durante una actividad del Congreso Judío Latinoamericano. En contraste, Manuel Adorni declaró solamente una botella de vino y un juego de mate con bombilla, ambos sin identificación del remitente, un dato que también llamó la atención dentro del registro oficial.
La legislación argentina permite que los funcionarios reciban obsequios siempre que sean declarados e incorporados al registro correspondiente. Sin embargo, la publicación de estos datos reabre el debate sobre los criterios de transparencia y la conveniencia de aceptar determinados presentes, especialmente cuando provienen de representantes extranjeros o de personas cuya identidad no queda asentada.
En un Gobierno que hizo de la austeridad uno de sus principales activos políticos, la difusión del listado vuelve a poner bajo análisis la distancia entre el discurso público y las prácticas administrativas permitidas por la normativa vigente, un debate que probablemente continuará mientras siga creciendo el registro oficial de regalos.