Gustavo Alfaro volvió a ocupar las portadas de todo el mundo. El entrenador argentino condujo a Paraguay a uno de los grandes golpes del Mundial al derrotar a Alemania y asegurar la clasificación a los octavos de final, apenas unos días después de haber sufrido un duro debut con una goleada 4-1 frente a Estados Unidos.
El histórico triunfo volvió a poner al técnico santafesino en el centro de la escena internacional y también hizo recordar distintas historias de su vida personal que marcaron su trayectoria.
Una de las más impactantes la reveló en 2015, durante una entrevista con el periodista Martín Mendinueta, cuando relató cómo su familia sufrió persecución política durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón.
En aquel diálogo, Alfaro reconstruyó el recorrido de sus padres y explicó por qué, aunque nació en Rafaela, gran parte de su historia familiar también está ligada a la ciudad bonaerense de Junín.

Alfaro explicó que su padre, nacido en Rafaela, se recibió muy joven en una escuela técnica y emigró a Buenos Aires para trabajar.
"Mi padre a los 18 años se recibe en la escuela técnica y se va a trabajar a Buenos Aires. Viene a trabajar a la fábrica Siam Di Tella", recordó.
Tiempo después consiguió empleo en los Ferrocarriles Argentinos y fue destinado a los talleres ferroviarios de Junín, considerados por entonces uno de los complejos ferroviarios más importantes del país.
Fue justamente allí donde, según contó el entrenador, ocurrió el episodio que cambiaría para siempre la vida de toda la familia.
Según relató Alfaro, el hecho ocurrió cuando Juan Domingo Perón avanzó con la nacionalización de los ferrocarriles.
En ese contexto, a su padre le propusieron competir como delegado de los trabajadores. "Le dicen a mi papá, que estaba trabajando como jefe de talleres, que se presente como delegado de los obreros. Y él va en contra de los peronistas. Le gana las elecciones internas al peronismo", recordó.
De acuerdo con su testimonio, aquella victoria tuvo consecuencias inmediatas: "Eso da como salida rápidamente que a mi papá lo metan preso”.
La situación también alcanzó a su madre, que por entonces trabajaba como maestra rural. "A mi madre, que era maestra rural, la echan del colegio", contó.
Alfaro explicó que él todavía no había nacido, pero que durante toda su infancia escuchó ese relato de boca de su madre.
"Me acuerdo siempre que mi madre me contaba de verlo pasar a mi papá, esposado con los presos comunes por la calle, porque en ese momento mostraban a los presos", siguió narrando. El episodio ocurrió en Junín, donde la pareja vivía junto a sus dos hijos mayores.
En ese momento, recordó el entrenador, su hermano tenía apenas dos años y su hermana cuatro.
Después de esos acontecimientos, la familia decidió abandonar Junín y regresar a Rafaela.
Allí su padre consiguió nuevamente trabajo y comenzó una nueva etapa familiar.
En esa ciudad nació primero otra de sus hermanas, ya fallecida, y tiempo después llegó Gustavo Alfaro.
Así, el entrenador explicó que aquella decisión terminó cambiando por completo su destino.

Lejos de quedarse únicamente con el costado dramático de la historia, Alfaro destacó las vueltas de la vida.
"Las paradojas de la vida, donde te arrojan, donde te toca nacer", reflexionó durante aquella entrevista.
Su padre era un apasionado del fútbol y dirigente de Atlético de Rafaela, institución con la que el actual entrenador desarrolló un vínculo desde muy pequeño. "Yo nazco y Atlético de Rafaela es mi segunda casa", resumió.
Ese contacto permanente con el club santafesino terminaría marcando el comienzo de una carrera que décadas más tarde lo convertiría en uno de los entrenadores argentinos más prestigiosos de Sudamérica.