Hay coincidencias que parecen simples caprichos del destino. Y hay otras que, con el paso de los años, terminan convirtiéndose en una curiosidad estadística difícil de ignorar. Alemania -al igual que Uruguay, un grande en crisis- parece haber desarrollado una particular aversión al 29 y 30 de junio cuando del otro lado aparece un rival sudamericano.
En un lapso de cuarenta años, tres de sus golpes más dolorosos llegaron exactamente en esas fechas. Dos finales perdidas y una eliminación inesperada conforman una secuencia que alimenta una llamativa "maldición" de fines de junio.
El primer capítulo se escribió el 29 de junio de 1986, cuando la Argentina de Carlos Bilardo derrotó 3-2 a Alemania Federal en la final del Mundial de México.
Con Diego Maradona como figura, la Albiceleste tenía el encuentro controlado tras los goles de José Luis Brown y Jorge Valdano. Haciendo gala de su habitual capacidad de reacción, Alemania apareció en el tramo final y el partido quedó igualado.
Cuando el calor y el cansancio hacían lo suyo, Jorge Burruchaga recibió un pase magistral de Maradona. Corrió como nunca y definió ante la salida de Schumacher. La pelota entró al arco y él, a la historia grande del fútbol argentino. Alemania se quedó con el subcampeonato y la Argentina fue una fiesta.
Alemania tuvo que esperar hasta 1990 para tener su revancha ante Argentina. Doce años más tarde -el 30 de junio de 2002- volvió a disputar una final mundialista. Del otro lado estaba Brasil, que buscaba su quinta estrella.
Era la primera vez que ambos se veían las caras en un Mundial. Alemania tenía la chance de ganar su cuarto torneo, pero Ronaldo hizo todo para impedirlo. El delantero del momento convirtió los dos goles del triunfo brasileño por 2-0 en Yokohama y dejó a los alemanes con las ganas.
Ayer fue 29 de junio y Alemania quedó eliminada en los dieciseisavos de final frente a Paraguay. Tras igualar 1-1 durante los 120 minutos, la clasificación se resolvió desde el punto del penal, donde el conjunto guaraní mostró mayor eficacia y dio uno de los grandes golpes del torneo.
No fue una final, como en 1986 y 2002, pero fue una eliminación que ni el más pesimista de los alemanes imaginaba. El mundo se preparaba para ver un Alemania-Francia en octavos de final, reeditando duelos memorables como los de 1958, 1982, 1986 y 2014, pero el destino abrió las puertas para un Francia-Paraguay, como los de 1958 y 1998, siempre que los de camiseta azul puedan superar a Suecia en el compromiso de esta tarde.
Alemania construyó una historia gigantesca en los Mundiales: tuvo presencia en todos los torneos, a excepción de 1930 y 1950. Tiene el récord de haber jugado ocho finales, de las que ganó cuatro y en cinco oportunidades alcanzó las semifinales.
Tiene un lugar de privilegio en la tabla histórica, pero cuando el almanaque llega al 29 o al 30 de junio y el rival es oriundo del fin del mundo, ese palmarés queda en el olvido. Las estadísticas no cambian el destino de una pelota, pero construyen leyendas.