La madrugada del 30 de junio de 1934 marcó un antes y un después para la Alemania nazi. En apenas tres días, Adolf Hitler ordenó una serie de detenciones y asesinatos contra dirigentes de su propio movimiento y adversarios políticos en una operación que pasó a la historia como la Noche de los Cuchillos Largos.
El episodio fue mucho más que una interna dentro del nazismo. Representó el momento en que Hitler eliminó a quienes podían desafiar su liderazgo y terminó de consolidar el control absoluto sobre el Estado alemán.
Tras llegar al poder en 1933, Hitler contaba con el apoyo de las SA, la organización paramilitar conocida como los "camisas pardas". Su jefe, Ernst Röhm, había sido uno de sus colaboradores más cercanos y aspiraba a que esa fuerza reemplazara al ejército alemán y profundizara una revolución mucho más radical.

Las ambiciones de Röhm comenzaron a preocupar tanto a los altos mandos militares como a empresarios, dirigentes conservadores y otros líderes nazis. Para mantener el respaldo del ejército y evitar una disputa interna, Hitler decidió actuar.
En la madrugada del 30 de junio de 1934, Hitler viajó hasta un hotel en Bad Wiessee, donde se encontraban reunidos Röhm y otros jefes de las SA. Allí fueron arrestados por miembros de las SS y la policía secreta.
Durante las siguientes 72 horas, decenas de personas fueron ejecutadas sin juicio. Entre las víctimas hubo dirigentes de las SA, antiguos aliados de Hitler y también opositores políticos que no tenían relación con la organización.
Aunque el régimen reconoció oficialmente 85 muertos, los historiadores sostienen que la cifra real pudo haber superado ampliamente las 150 víctimas e incluso llegar a varios cientos.
La purga fortaleció a las SS, debilitó definitivamente a las SA y garantizó el apoyo del ejército al régimen nazi. Pocas semanas después, tras la muerte del presidente Paul von Hindenburg, Hitler fusionó los cargos de presidente y canciller, adoptó el título de Führer y pasó a ejercer un poder prácticamente ilimitado.

Para muchos historiadores, la Noche de los Cuchillos Largos fue el punto de inflexión que transformó al nazismo en una dictadura sin oposición interna, basada en el terror y la eliminación sistemática de cualquier amenaza política. A partir de entonces, el régimen dejó en claro que estaba dispuesto a utilizar la violencia y los asesinatos como herramienta para mantenerse en el poder, una práctica que marcaría el rumbo de Alemania durante los años siguientes y que desembocaría en algunos de los peores crímenes del siglo XX.