Los naranjos amargos que durante décadas generaron costos de limpieza y reclamos vecinales en las calles de Azul hoy son el motor de una investigación de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional del Centro (UNICEN) que impulsa el desarrollo de alimentos funcionales, biomateriales biodegradables y nuevas aplicaciones industriales. Después de cinco años de trabajo, el proyecto incluso despertó el interés de una empresa china que analiza utilizar uno de los compuestos presentes en sus frutos.
Cada invierno, los cerca de 477 naranjos distribuidos en el casco céntrico vuelven a ofrecer una postal inconfundible de la ciudad. Sus frutos anaranjados cubren las veredas y forman parte de un paisaje que los azuleños conocen de memoria y es parte de su patrimonio. Durante mucho tiempo esa imagen estuvo asociada a un problema. Hoy, gracias a la ciencia, esos mismos árboles representan una oportunidad de desarrollo que trasciende a la ciudad.
"Siempre abordamos problemáticas locales. En este caso, los naranjos amargos forman parte del patrimonio urbanístico de Azul. Están distribuidos por todo el centro de la ciudad y todos los años ocurre lo mismo: los frutos caen, generan residuos, implican un trabajo para el municipio y también reclamos de los vecinos. Ahí empezamos a preguntarnos qué podíamos hacer con todo eso", contó a Newsdigitales Dra. Karina Nesprias, directora del Laboratorio de Investigación y Servicios en Calidad Alimentaria, Inocuidad y Valor Agregado de la Facultad de Agronomía de la UNICEN
"Queríamos dejar de verlos como un problema y empezar a pensarlos como un recurso", resumió la científica, quien también es profesora de esa casa de estudios e investigadora asociada de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CICPBA).
La idea comenzó a tomar forma en 2020, cuando el grupo de investigación que dirige Karina Nesprias presentó el proyecto "Aprovechamiento Integral Sustentable de los Naranjos Amargos" a una convocatoria de Proyectos Estratégicos de Investigación, Desarrollo y Transferencia (PEIDyT) de la UNICEN.
La propuesta fue seleccionada y obtuvo financiamiento para poner en marcha un trabajo que, cinco años después, continúa sumando resultados y nuevas líneas de investigación.
Sin embargo, antes de avanzar había un paso indispensable. Como los naranjos forman parte del patrimonio urbanístico de Azul, la universidad necesitaba un convenio con el municipio para poder utilizar los frutos con fines científicos.
"Se hicieron todas las tratativas y finalmente en 2021 se firmó un convenio entre el Rectorado de la universidad y el Municipio de Azul. En ese momento la decana era Liliana Monterroso, quien me designó como representante del proyecto por la Facultad de Agronomía. Ese convenio sigue vigente, tiene renovación automática y fue el punto de partida para todas las actividades que desarrollamos", explicó.
El acuerdo permitió mucho más que acceder a los frutos. También consolidó una agenda de trabajo conjunto que continúa hasta la actualidad y que incluye el financiamiento municipal de dos becarios dedicados a esta temática.
"Fue un convenio muy importante porque permitió que el proyecto creciera y siguiera incorporando nuevas líneas de investigación", destacó.
La primera pregunta que se hizo el equipo fue sencilla: ¿qué potencial escondían esos frutos que hasta entonces terminaban en la basura?
La respuesta abrió un universo de posibilidades.
Los investigadores comenzaron a extraer aceites esenciales mediante procesos amigables con el ambiente y comprobaron que poseen propiedades antioxidantes, antimicrobianas y antifúngicas.
"Esos aceites tienen características muy interesantes para incorporarlos a matrices alimentarias porque ayudan a controlar el crecimiento de hongos y aportan antioxidantes naturales", explicó Nesprias.
Uno de los trabajos más avanzados corresponde a la tesis doctoral de Belén Bianchi, quien desarrolló una masa para tartas apta para personas con celiaquía utilizando aceites esenciales obtenidos de los naranjos amargos.
Ensayos para la masa de tarta (alimento funcional)El grupo también obtuvo financiamiento de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) - convocatoria Ideas Proyecto- para elaborar galletitas libres de gluten incorporando esos aceites y mermelada producida con los propios frutos.
"Nuestro proyecto de investigación está centrado en revalorizar residuos o recursos subutilizados para extraer biocompuestos y diseñar alimentos funcionales. Siempre buscamos que esos alimentos aporten un beneficio adicional para la salud", señaló.
Galletitas libres de gluten con el agregado de aceite esencial Con el paso de los años, el proyecto dejó de enfocarse únicamente en los frutos y comenzó a explorar otras partes del árbol.
Así nació una investigación encabezada por la becaria del CONICET Marisol Apesteguia, quien trabaja en el desarrollo de un saquito de té biodegradable.
La iniciativa surgió luego de que distintos estudios internacionales alertaran sobre la liberación de microplásticos por parte de algunos sobres comerciales.
"Queremos extraer pectinas y celulosa de los naranjos para fabricar un saquito de té ecológico que contribuya a disminuir la liberación de microplásticos al ambiente", explicó la investigadora.
Paralelamente, otra línea de trabajo busca desarrollar biomateriales biodegradables capaces de reemplazar plásticos convencionales.
Macetas con los nuevos materiales biodegradables"Estamos obteniendo materiales similares a los plásticos, pero completamente biodegradables. Todo forma parte de una misma lógica de economía circular: aprovechar aquello que normalmente termina siendo un residuo."
Actualmente son siete los becarios y tesistas que trabajan en estas investigaciones dentro del laboratorio.
La investigación no sólo procura aprovechar los frutos. También busca garantizar la continuidad del arbolado que distingue al centro de Azul.
De esa tarea también forma parte el ingeniero Hernán Godoy, integrante del proyecto desde sus inicios y, además, subdirector del Parque Municipal de Azul.
Uno de los aportes del laboratorio consiste en reproducir nuevos ejemplares a partir de semillas para reemplazar árboles afectados por enfermedades o envejecimiento.
"Una de las patas del proyecto era justamente obtener nuevos ejemplares para reponer los árboles que estaban muertos o atacados por alguna plaga. Ya logramos replicar alrededor de 400 plantas", contó Nesprias.
Planta de naranjos en el centro de Azul Mientras el equipo seguía sumando investigaciones, ocurrió algo que ninguno imaginaba.
Un empresario argentino radicado en Vietnam, dedicado al comercio internacional, comenzó a buscar productores de naranja amarga en Argentina para una empresa de la provincia china de Hunan interesada en obtener hesperidina, un flavonoide que más allá de su popularidad como licor de origen cítrico, cuenta con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.
Los contactos en simultáneo fueron en Azul, San Miguel de Tucumán y San Pedro, en el norte bonaerense
La búsqueda terminó llegando a la Facultad de Agronomía de Azul. "No tenemos contacto directo con China. Nos escribió un argentino que trabaja como nexo. Buscando información en internet encontró tres nombres en Azul: Hernán Godoy, Analía Margheritis y el mío", recordó.
La empresa solicitó muestras para analizar el contenido de hesperidina y evaluar si resultaban aptas para sus procesos industriales.
Los naranjos ya acondicionados (Instagram actual @laboratoriocaiva)Godoy realizó la cosecha de los frutos, mientras Belén Bianchi y Analía Margheritis procesaron las muestras siguiendo protocolos de buenas prácticas de manufactura antes de enviarlas.
"No se mandó la fruta así nomás. Todo tuvo un procesamiento previo, controles de calidad y condiciones higiénico-sanitarias antes de salir del país", explicó.
Al momento de la entrevista, las muestras ya habían llegado a la aduana china y aguardaban los análisis que determinarán si cumplen con las concentraciones requeridas por la empresa.
Para Nesprias, la posibilidad de exportar representa una oportunidad importante, pero no es el objetivo principal.
"Nuestro sueño es que todo esto que hoy desarrollamos a escala de laboratorio pueda ser tomado por una empresa y transformarse en algo productivo. Ese sería el verdadero éxito" sostuvo.
Mermelada con una nueva formulación optimizada en el laboratorioSi finalmente el vínculo comercial prospera, el proceso deberá involucrar al Municipio de Azul, propietario de los árboles, al SENASA y a los organismos encargados de las certificaciones fitosanitarias, además de la universidad para las etapas de procesamiento y control de calidad.
"Nosotros no somos los dueños de las naranjas. Si esto prospera habrá que hacer convenios específicos y seguir todos los protocolos que exige una exportación de material vegetal".
Después de cinco años de trabajo, la investigadora cree que el mayor logro ya está a la vista.
Aquellos frutos que durante décadas fueron vistos como un desperdicio demostraron que podían transformarse en conocimiento, innovación y desarrollo.
"Si finalmente somos nosotros los que llegamos a China, será una gran noticia. Pero si les toca a San Pedro o a San Miguel de Tucumán también será buenísimo. Lo importante es demostrar que detrás de un árbol que muchos veían como un problema había una enorme oportunidad" concluyó.
Cinco años después de aquella pregunta sobre qué hacer con las naranjas que caían cada invierno en las veredas de Azul, el proyecto sigue creciendo. Lo que comenzó como una respuesta a un problema urbano hoy reúne investigadores, becarios y organismos públicos detrás de una misma idea: demostrar que un árbol que parecía destinado a generar residuos puede convertirse en conocimiento, innovación y desarrollo.
Que además haya despertado el interés comercial de China es, por ahora, apenas el capítulo más reciente de una historia que empezó mucho más cerca, en las calles de la ciudad.