La llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete no solo reconfiguró el funcionamiento interno del Gobierno nacional. También abrió una nueva instancia política con los gobernadores dialoguistas. Entre ellos aparece el mandatario de Córdoba, Martín Llaryora, quien participó de la jura en la Casa Rosada y aprovechó el cambio de interlocutor para relanzar una relación con Javier Milei que en los últimos meses había acumulado tensiones por la distribución de recursos y las votaciones en el Congreso.

El gesto político no pasó inadvertido. Según trascendió desde el entorno cordobés, fue el propio Presidente quien invitó personalmente a Llaryora a la ceremonia, donde compartió espacio con otros mandatarios provinciales. La presencia del gobernador fue interpretada como una señal de distensión luego de varios cruces entre la Nación y Córdoba, en un contexto donde ambas administraciones necesitan reconstruir canales de diálogo para avanzar en temas de gestión y también comenzar a ordenar el escenario político hacia las elecciones de 2027.
En el Centro Cívico cordobés consideran que el ascenso de Santilli puede marcar una diferencia respecto de la etapa anterior. El ahora jefe de Gabinete ya mantenía una relación fluida con funcionarios provinciales y había sido uno de los principales interlocutores del Gobierno nacional con distintos gobernadores antes de su promoción.

Esa confianza previa alimenta expectativas sobre avances concretos en cuestiones sensibles para Córdoba, como la distribución de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) y otras negociaciones vinculadas con obras e inversiones. En el oficialismo cordobés creen que la concentración de poder político en manos de Santilli facilitará acuerdos que durante la gestión anterior quedaron demorados.
La apuesta también tiene un componente electoral. Tanto Milei como Llaryora necesitan preservar sus territorios de cara a 2027. En ese escenario, la figura de Santilli aparece como el dirigente encargado de construir puentes entre la gestión diaria y la estrategia política del oficialismo nacional.
En Córdoba sostienen que el diálogo con la Casa Rosada responde a una lógica de conveniencia mutua. Mientras el Gobierno nacional busca garantizar respaldo parlamentario para avanzar con sus reformas, el llaryorismo pretende sostener una relación institucional que le permita obtener recursos y evitar una confrontación permanente con la administración libertaria.

Dentro del peronismo cordobés incluso interpretan que la llegada de Santilli puede derivar en una etapa "más madura" del vínculo político, basada en acuerdos puntuales antes que en la confrontación pública. Sin embargo, también reconocen que persisten diferencias de fondo y que La Libertad Avanza mantiene como objetivo competir con fuerza en Córdoba cuando llegue el turno electoral.
La presencia de Llaryora en la jura de Santilli se sumó además a la amplia convocatoria de gobernadores que acompañaron al nuevo jefe de Gabinete en la Casa Rosada, un gesto que el Gobierno buscó exhibir como una muestra de respaldo federal en el inicio de una nueva etapa política. Con la gestión como prioridad inmediata y las elecciones de 2027 cada vez más presentes en el horizonte, Nación y Córdoba vuelven a ensayar un acercamiento donde el diálogo aparece como la principal herramienta para sostener la convivencia política.