La animación guarda algunos de los mitos urbanos más persistentes de la cultura pop, y pocos son tan célebres como el que rodea al lanzamiento en VHS de La Sirenita en 1989. Durante décadas, corrió la voz de que un ilustrador resentido de Disney, al enterarse de que sería despedido, había decidido tomar venganza ocultando un genital masculino entre las torres del castillo del Rey Tritón. Sin embargo, la verdadera historia detrás de esta portada prohibida (que hoy se ha convertido en una costosa pieza de coleccionismo ausente en las tiendas de reventa argentinas) dista mucho de los planes de sabotaje y se inclina más hacia los efectos del cansancio extremo.
La compañía de Mickey Mouse confiaba plenamente en Willardson Associates, un estudio de diseño que se había ganado el respeto de la compañía tras un aclamado afiche para el reestreno de La Cenicienta. El artista Bill Morrison, uno de los miembros más experimentados del equipo, recordó en su blog personal cómo sucedió todo.

El verdadero conflicto comenzó cuando los plazos de entrega para la portada de la edición hogareña se retrasaron drásticas semanas, forzando al equipo a trabajar a contrarreloj para cumplir con la fecha de impresión. Morrison detalló la enorme presión que sufrieron para terminar el proyecto: "Dave (Willardson, el gerente de la empresa) me llevó a un lado y me preguntó si estaría dispuesto a trabajar el fin de semana y tal vez pasar la noche en vela para terminar el diseño. Al tener una cantidad de tiempo inusualmente corta antes de la fecha límite de impresión, supongo que calculé mal mi ritmo, y recuerdo haber pasado la mayor parte del tiempo trabajando en los personajes antes de darme cuenta de que tenía que concentrarme en los elementos del fondo. Probablemente pinté el castillo alrededor de las 3 de la mañana del día de la entrega, así que, aunque el dibujo es el mismo que el del póster, el acabado se hizo a las apuradas y se omitieron muchos detalles finos. Pero terminé el arte al amanecer, se fue a Disney y luego a la imprenta".
Con el cansancio acumulado de la madrugada y las luces bajas del estudio, a Morrison se le pasó por alto que una de las estructuras de coral del fondo había quedado dibujada con una silueta sospechosamente fálica. En los controles de calidad de Disney nadie notó la particular forma del palacio submarino y la carátula se envió directamente a las imprentas. La bomba mediática estalló cuando un consumidor adquirió la cinta en la sección de videos de un supermercado Albertson's en Arizona y le enseñó el perturbador detalle a su esposa, quien, escandalizada por la imagen, exigió de inmediato que retiraran el producto de las góndolas.

La polémica no tardó en escalar a los principales noticieros norteamericanos, obligando a los comercios a improvisar soluciones insólitas debido a que ya se habían vendido millones de unidades en todo el país. Morrison relató la incredulidad con la que vivieron el escándalo desde su estudio: "Vimos un informe de ABC News en el estudio la noche en que estalló la historia de depravación moral, en el que una toma panorámica mostró un estante lleno de cintas de video envueltas en bolsas de papel marrón para el almuerzo con La Sirenita garabateado en cada una con marcador grueso. ¡El escándalo ya estaba en marcha y no había quién lo parara!".
En medio del frenesí mediático, algunos sectores conservadores llegaron a tildar el descuido como un mensaje satánico deliberado, una acusación que el propio ilustrador desmintió con humor años más tarde al declarar en su blog: "No soy ahora ni he sido nunca un adorador de Satán. Afortunadamente para el estudio de arte, los ejecutivos del gigante del entretenimiento aceptaron las disculpas correspondientes y entendieron que todo se había tratado de un desafortunado accidente de dibujo provocado por la falta de sueño: El final feliz de la historia es que Willardson Associates siguió recibiendo trabajo de Disney. Al final, creyeron que no teníamos ninguna intención de poner la imagen de un pene en el diseño de la caja de un video familiar. Y continué pintando imágenes de Disney hasta que Los Simpson tocaron a mi puerta y, a mi pesar, dejé el estudio”.

Curiosamente, este no fue el único dolor de cabeza de índole anatómica que enfrentó la película que dio inicio al Renacimiento de Disney, ya que la cinta tuvo que ser reeditada posteriormente por una comprometedora escena durante la boda entre Eric y Úrsula (disfrazada de Vanessa). Varios espectadores denunciaron que, al reproducir la escena en cámara lenta, el clérigo que oficiaba la ceremonia parecía experimentar una erección debajo de sus túnicas, lo que motivó una demanda judicial contra la compañía en 1995. Aunque la empresa demostró ante la justicia que la supuesta protuberancia era simplemente la rodilla del personaje apoyada sobre un escalón, terminaron suavizando digitalmente la animación en las siguientes ediciones para sepultar de forma definitiva cualquier tipo de controversia.