Matías Morla llegó a los tribunales de San Isidro con un objetivo claro: respaldar a Leopoldo Luque, uno de los principales acusados por la muerte de Diego Armando Maradona. Y lo hizo con una frase que atravesó buena parte de su declaración: “Maradona lo amaba”.
El abogado y ex apoderado de las marcas del exfutbolista declaró por primera vez en el debate oral y buscó consolidar una idea favorable a la defensa del neurocirujano: que Luque no era un profesional impuesto por terceros, sino el médico en quien Diego había depositado su mayor confianza durante sus últimos meses de vida.
Ante los jueces del tribunal y con Dalma, Gianinna, Jana Maradona y Verónica Ojeda presentes en la sala, Morla se definió como el “mejor amigo” del ídolo y aseguró que administró sus negocios desde 2014 hasta el 25 de noviembre de 2020, día de su muerte.
Durante su testimonio, Morla insistió en remarcar el vínculo estrecho entre Maradona y Luque. Según explicó, el neurocirujano ocupaba un rol central en la vida del ex capitán de la Selección y era el principal referente médico durante la pandemia.

“A Luque lo conocí en marzo de 2020, ya estaba anteriormente en la vida de Diego. Maradona lo amaba, tenían una tremenda confianza”, declaró.
La frase buscó fortalecer la estrategia defensiva de Luque, centrada en mostrar que Diego tomaba decisiones por voluntad propia y que el neurocirujano contaba con legitimidad plena dentro de su entorno.
Sin embargo, ese respaldo dejó un efecto ambivalente: al subrayar que Luque era el médico de confianza y una figura decisiva en el tratamiento, Morla también reforzó su centralidad en la cadena de decisiones médicas que hoy está bajo análisis judicial.
El ex apoderado también favoreció al psicólogo Carlos Díaz, otro de los imputados. Lo calificó como un “fenómeno” y sostuvo que realizó un “trabajo excelente” en el abordaje de las adicciones de Maradona. Incluso remarcó que los estudios toxicológicos no detectaron alcohol ni drogas.
Morla describió además el delicado cuadro anímico del exfutbolista durante 2020: “Tenía mucha depresión”, afirmó, y vinculó sus recaídas con los conflictos sentimentales, especialmente con Rocío Oliva.
Aunque salió a blindar a Luque, Morla dejó uno de los pasajes más incómodos de la jornada al referirse a la internación domiciliaria en el country San Andrés, en Tigre, donde Maradona murió.
Lejos de convalidar ese esquema de atención, lo cuestionó con dureza.
Según su relato, la vivienda era un “desastre”, una “ridiculez” y una “vergüenza”. También aseguró que la habitación donde permanecía Diego era “extremadamente precaria” y negó que existiera aparatología médica adecuada. “No estaba de acuerdo con que vaya a Tigre”, sentenció.
Ese tramo de su declaración volvió a poner bajo la lupa las condiciones de la internación domiciliaria, uno de los ejes centrales del juicio.
El momento más tenso llegó cuando Fernando Burlando, abogado de Dalma y Gianinna, reprodujo audios entre Morla y Luque en los que ambos insultaban duramente a las hijas del exfutbolista.
Las grabaciones, cargadas de agravios y descalificaciones, generaron un fuerte impacto en la sala. Frente a esa exposición, Morla ensayó un gesto de arrepentimiento. “Quiero pedir perdón, me siento avergonzado por mis dichos”, expresó.
Su declaración dejó así una doble lectura: mientras intentó aliviar la situación procesal de Luque y Díaz, también aportó elementos que vuelven a colocar en el centro del debate quiénes tomaron —y cómo— las decisiones sobre el cuidado de Maradona en sus últimos días.