¿Hay confianza en nuestra moneda? Esa es la pregunta que se realizan desde la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) en el “Índice de confianza social en la moneda” (ICSM).
El informe, elaborado por la Escuela Interdisciplinaria de Alto Estudios Sociales (IDAES) de la UNSAM, destaca que, en junio, “el peso recupera confianza por primera vez en el año, pero el escepticismo sigue siendo mayoría”.
El Índice no mide expectativas de inflación sino cuáles son las percepciones sociales sobre la moneda. En junio, en una escala que va de 1 a 5, siendo 1 la máxima desconfianza y 5 la máxima confianza, el ICSM subió de 2,71 a 2,81: la primera mejora registrada tras cuatro mediciones consecutivas de caída desde diciembre de 2025.
A la vez, por primera vez en la serie, dos variables clave fueron en consonancia: la baja de la inflación y el aumento de la confianza. Tras dos meses seguidos del IPC desacelerando respecto al mes anterior, el escepticismo sobre el peso comienza a diluirse.

Este es un factor clave dado que la experiencia pasada con los precios tiene impacto sobre las expectativas de los propios agentes que operan en la economía.
Pero la confianza no se construye de un día para el otro ni responde mecánicamente a los indicadores. En muchos casos, más que el dato del IPC en un mes, lo que importa es la credibilidad de que la tendencia es a la baja.
En ese sentido, desde la UNSAM, afirman que “Una cosa es dejar de desconfiar. Otra es empezar a confiar. La recuperación de junio es de la primera clase, no de la segunda”.
Así, el índice permanece en zona crítica. La desconfianza plena bajó del 34% al 29%, manteniéndose como la posición más extendida. Por el contrario, el 11% declaró tener “confianza plena” en el peso argentino, aumentando un punto porcentual respecto a abril.
La visión sobre el peso argentino no es uniforme sino que registra diferencias en función del territorio, las edades y las preferencias políticas.
1. En clave federal, la mayor confianza en la moneda se detecta en el interior del país, pero las mejoras registradas en junio se centraron en CABA y PBA.
2. En las franjas etarias, los jóvenes son los que escapan a la tendencia general de mejoría. El grupo 16-29 es la única franja etaria donde la desconfianza plena crece en junio (+2 pts) pero siguen siendo el sector que mejores perspectivas tiene. Por el contrario, los grupos 30-44 (-9 pts) y 45-59 (-10 pts) traccionan el rebote.

3. Por último, los votantes de todos los partidos incrementaron su confianza, aunque sosteniendo la brecha entre ellos. El dato saliente son los votantes en blanco: mientras mejora la percepción de los votantes de LLA, FP, FIT y Provincias Unidas, la desconfianza plena de los votantes en blanco sube de 38% a 47%.
Constituyen así el único segmento donde la tendencia no encontró piso en junio y se acercan cada vez más a los votantes más críticos del Gobierno.
La moneda tiene distintos roles que jugar en una economía: servir como medio de pago, como unidad de cuenta y como reserva de valor. ¿Cómo viene el peso argentino en cada una?
En Argentina, la mayoría de las transacciones cotidianas se realizan en pesos nacionales. No obstante, a la hora de realizar operaciones significativas, como la compra de un vehículo o de un inmueble, suele desaparecer el peso como intermediario y sustituirse por el dólar. Esta primera función del dinero, es decir, como medio de pago, es la que mejor sigue operando en nuestro país.
A la vez, a la hora de fijar precios, la mayoría de los ciudadanos los establecen en pesos, constituyendo la referencia para la firma de contratos. Esta segunda función del dinero, ser “unidad de cuenta”, también opera relativamente bien, por más que en muchos casos, los contratos puedan indexarse, esto es, atarse a algo, como la inflación, o el propio dólar.
En junio, según el relevamiento de la UNSAM, estas funciones que expresan el uso cotidiano presente, permanecieron estables en la percepción social. Pero son significativamente más altas que las vinculadas con las expectativas sobre el futuro, que fueron las que mejoraron en junio.

En la función del peso como reserva de valor, esto es, como instrumento de ahorro, la mejora registrada fue la más relevante de todas pero se ubica en el menor nivel, pese a que la expectativa sobre una pérdida de poder de compra mermó.
Esta asimetría entre las funciones de la moneda del hoy, del día a día, y las referidas al mañana, es estructural, y por ende, muy compleja de revertir.