Los amantes del cine de culto tienen razones para celebrar: la llegada a Netflix de una producción de mediados de los años 2000 que captura a la perfección esa estética rebelde e independiente que solía caracterizar a las mejores épocas de canales de televisión como I-Sat. Protagonizada por un elenco joven brillante encabezado por Emile Hirsch, la película cuenta además con el atractivo de incluir al recordado Heath Ledger dentro de su reparto secundario.
Se trata de Lords of Dogtown (conocida en nuestra región como Los amos de Dogtown), un largometraje inspirado en hechos reales que se sumerge en las calles de Venice Beach, en California, durante la década de 1970. La trama sigue de cerca las andanzas de tres amigos inseparables, aficionados al surf y al skate: Jay Adams, Tony Alva y Stacy Peralta. Un dato fundamental es que el propio Peralta se encargó de escribir el libreto de la película, lo que le permite volcar sus recuerdos de primera mano sobre el nacimiento de una subcultura urbana, aunque (como era de esperarse) su propio personaje termine siendo el que quede mejor parado de la historia.

El núcleo de la película funciona como una crónica sobre el auge del skating como disciplina de competición, retratando la evolución de este movimiento callejero a través de tres ejes muy marcados, encarnados por cada uno de sus protagonistas. Por un lado, nos encontramos con el rebelde al que no le interesan en lo más mínimo las reglas que intentan formalizar el deporte; por el otro, el competidor ambicioso que busca convertirse en el número uno a costa de lo que sea para alcanzar la riqueza y la fama; y finalmente, el patinador talentoso y centrado que se niega a dejarse corromper por el costado comercial de la industria.
Uno de los puntos más altos es su apartado técnico, diseñado para meter al espectador de lleno en la adrenalina de las pistas de asfalto y las piletas vacías. La dirección de fotografía y los movimientos de cámara logran un dinamismo espectacular que transmite con éxito la sensación de ser un skater más dentro del grupo.
Pero lo que verdaderamente destaca a este largometraje y lo convierte en una pieza de culto es su costado coming of age. Detrás de las tablas, la película es, fundamentalmente, una historia de crecimiento, maduración y amistad. El relato expone con cierta nostalgia cómo el éxito arrollador, las presiones comerciales de los patrocinadores y las complejidades de la vida adulta comienzan a desgastar el vínculo incondicional de estos tres jóvenes de California que solo querían divertirse.
Para los fanáticos de las curiosidades del detrás de escena, Lords of Dogtown esconde dos créditos de producción sumamente llamativos. La dirección estuvo a cargo de Catherine Hardwicke, quien pocos años después dirigirá la saga Crepúsculo, mientras que las tareas de producción contaron con el respaldo del mismísimo David Fincher, el aclamado director de El club de la pelea.