¿Sabe usted quién fue el goleador del primer Campeonato Mundial de fútbol? Cualquier argentino podría responder con orgullo: Guillermo Stábile, un porteño de ley nacido en Parque Patricios. Un delantero elegante y letal que respondía al que llamaban "El Filtrador", porque encontraba espacios donde nadie los veía.
Debe haber muy poca gente que lo haya visto jugar, pero su juego se puede reconstruir a partir del relato de los periodistas deportivos de la época. Su nombre llegó a los diarios en Uruguay 1930, donde festejó ocho goles, cifra que le permitió quedarse con el honor de ser el máximo goleador del torneo. Paradójicamente, casi un siglo después, su nombre no aparece entre las lista de mejores jugadores que alguna vez vistieron la camiseta argentina.
Cuando Argentina debutó en Montevideo frente a Francia, Stábile siguió el partido desde el banco de suplentes. El centrodelantero titular era Roberto Cherro, uno de los grandes cracks de la época. Una dolencia dejó afuera al hombre de Boca y el entrenador Francisco Olazar decidió apostar por el delantero de Huracán.
En la segunda fecha fue titular frente a México. Argentina ganó 6-3 -ahí empezó la paternidad argentina sobre los aztecas- y Stábile convirtió tres goles. Días después le marcó otros dos a Chile. En semifinales le hizo dos a Estados Unidos y en la final le hizo uno a Uruguay. En apenas cuatro partidos convirtió ocho goles, que le otorgaron el honor se ser, para siempre, el primer goleador de la historia de las Copas del Mundo.
Durante décadas también se creyó que había sido autor del primer hat-trick de los Mundiales, hasta que una revisión histórica de la FIFA reconoció que ese récord correspondía al estadounidense Bert Patenaude. De haber sido cierto, habría sido el máximo goleador de la historia hasta 1950, cuando el brasileño Ademir -curiosamente también subcampeón- lo hubiera alcanzado con nueve tantos.

De todas formas tuvo el récord, pero con una observación. En 1938, el honor fue para el brasileño Leónidas Da Silva -también con ocho gritos- de los cuáles uno no es lícito porque lo marcó jugando descalzo, aunque fue convalidado porque el árbitro no lo notó. En 1934 el goleador fue el checoslovaco Oldrich Nejedly -también subcampeón- pero con apenas cuatro goles, muy por debajo de la marca del argentino.
Antes de convertirse en figura internacional, Stábile había brillado en Huracán, donde anotó más de un centenar de goles y conquistó los campeonatos de 1925 y 1928. Su actuación en el Mundial lo llevó a Europa. Pasó por el Genoa y Napoli de Italia, continuó su carrera en el Red Star francés y allí comenzó otra vida: la de entrenador.
Como futbolista había sido extraordinario, pero como director técnico terminaría siendo todavía más grande. César Luis Menotti, Carlos Bilardo y Lionel Scaloni son los entrenadores más celebrados por la magnitud de sus conquistas, pero mucho antes que ellos existió Guillermo Stábile.
Dirigió a la Selección Argentina entre 1939 y 1958 y luego nuevamente entre 1960 y 1961. Era una época donde los entrenadores alternaban el seleccionado con los clubes, y en su caso, repartió su tiempo entre Argentina y Racing Club de Avellaneda. Pese a lo agotador que deben haber sido sus dos trabajos, llegó a dirigir a la Selección en más de 120 partidos oficiales, una cifra a la que recién este año se está acercando Lionel Scaloni.
Su cosecha de títulos hizo grande a la Albiceleste e impresiona. Ganó seis Copas América (1941, 1945, 1946, 1947, 1955 y 1957) y el Campeonato Panamericano de 1960. Ningún otro entrenador argentino consiguió tantos títulos oficiales con la Selección mayor, pero el que lo sigue de cerca con cuatro conquistas es Lionel Scaloni.
La Segunda Guerra Mundial impidió las Copas de 1942 y 1946. Argentina decidió no participar de Brasil 1950 ni de Suiza 1954 por conflictos políticos y deportivos. Recién volvió en Suecia 1958, donde sufrió una de las mayores derrotas de su historia: el recordado 6-1 frente a Checoslovaquia, conocido como "el Desastre de Suecia". Esa dolorosa y prematura eliminación marcó el final del ciclo más exitoso al frente del seleccionado.
Mientras dirigía la Selección también construyó otra obra monumental. Entre 1945 y 1954 fue entrenador de Racing Club y armó uno de los equipos más brillantes del fútbol argentino. La Academia conquistó los campeonatos de 1949, 1950 y 1951, convirtiéndose en el primer tricampeón del profesionalismo.

Para los estudiosos del fútbol, casi ocho décadas más tarde, esa delantera sigue saliendo de memoria: Boyé, Méndez, Bravo, Simes y Sued. La hazaña racinguista solo fue igualada en 1997 por el River Plate dirigido por Ramón Díaz.
Stábile murió el 26 de diciembre de 1966, a los 61 años, sin el reconocimiento popular que alcanzaron otras leyendas. Tal vez porque su fútbol quedó registrado por fotografías en blanco y negro, o quizás porque sus mayores logros como entrenador quedaron opacados por el "Desastre de Suecia".
En un país que venera a sus ídolos futbolísticos, el nombre de Guillermo Stábile encierra una brutal paradoja: es gigante para los libros de historia, pero invisible para la memoria colectiva de los hinchas.