05/07/2026 - Edición Nº1244

Internacionales

Defensa europea

Ankara será decisiva: Merz lleva a la cumbre de la OTAN su plan de rearme

05/07/2026 | Con una unidad de 4.800 soldados, Berlín busca llegar a la OTAN como eje del rearme europeo frente a Rusia.



Friedrich Merz recibió este viernes en Berlín al primer ministro de Estonia, Kristen Michal, al presidente de Lituania, Gitanas Nausėda, y al presidente de Letonia, Edgars Rinkēvičs. La reunión ordenó la posición del flanco oriental de la OTAN antes de la cumbre de Ankara del 7 y 8 de julio, donde el gasto militar, la disuasión frente a Rusia y la coordinación europea volverán al centro de la agenda aliada. Para el canciller alemán, la escena funciona como una señal política: Alemania ya no quiere aparecer como socio tardío de la defensa europea, sino como potencia capaz de sostener presencia militar permanente en el borde más expuesto de la alianza.

La brigada alemana en Lituania no es un gesto improvisado de campaña diplomática. Su activación formal en 2025 completó una decisión tomada después de la invasión rusa a Ucrania y convirtió la doctrina Zeitenwende en una estructura militar concreta, con mando, calendario de traslado, infraestructura y proyección de plena capacidad para 2027. La unidad debe reunir cerca de 4.800 soldados y unos 200 civiles, con bases principales en Rūdninkai y Rukla, dentro de territorio lituano. Es el mayor despliegue permanente alemán fuera de sus fronteras desde la Segunda Guerra Mundial y marca un cambio de escala respecto de los contingentes rotativos que dominaron la defensa báltica durante años.

 


Rūdninkai Training Area, Lituania, una de las ubicaciones centrales previstas para la brigada alemana permanente.

Disuasión báltica

El valor estratégico del despliegue está en la geografía. Lituania limita con Bielorrusia, queda cerca del enclave ruso de Kaliningrado y depende del corredor de Suwałki como conexión terrestre sensible con el resto del espacio aliado. En ese tablero, la presencia alemana deja de ser una promesa escrita en comunicados y pasa a ser una capacidad visible sobre el terreno, con tropas, blindados, logística y familias que obligan a Berlín a tratar la defensa báltica como un interés propio. La disuasión cambia de naturaleza cuando el país que promete defender también queda físicamente expuesto en el territorio que debe proteger.

El refuerzo no se limita a Lituania. Esta semana, el Primer Cuerpo Germano-Neerlandés asumió una función táctica para Estonia y Letonia dentro de los planes de la OTAN, lo que suma una capa de mando sobre el mismo flanco que Merz presentó en Berlín como prioridad europea. La señal regional es clara: Alemania no solo aporta una brigada en un país báltico, sino que participa en la organización operativa de una defensa más amplia desde el norte de Polonia hasta el mar Báltico. Ese salto convierte a Berlín en un articulador militar del este europeo, no únicamente en financiador distante de la seguridad aliada.


Alemania fija una brigada en Lituania y refuerza el flanco oriental de la OTAN en 2026.

Cuenta política

El respaldo financiero sostiene la apuesta militar. Merz llega a Ankara con el compromiso de llevar el gasto alemán de defensa al 3,5% del PBI en 2029, varios años antes del plazo general acordado dentro de la OTAN para la nueva meta de inversión aliada. El objetivo mayor de la alianza combina gasto militar directo con infraestructura, resiliencia, industria y capacidades críticas, pero el punto alemán es más inmediato: transformar presupuesto en unidades listas, munición, mando y despliegue real. La brigada en Lituania es la prueba concreta de que el rearme alemán ya no puede medirse solo por porcentajes, sino por presencia operacional en el terreno.


Merz llega a Ankara con gasto en defensa al alza y liderazgo europeo bajo presión interna.

La dificultad de Merz está dentro de Alemania. Su gobierno llega a la cumbre con baja aprobación, presión económica y una opinión pública que todavía procesa el costo de pasar de una cultura estratégica cautelosa a una política de defensa más activa. Ankara será, por eso, una doble prueba: hacia afuera, confirmar que Berlín puede liderar el rearme europeo sin romper la unidad transatlántica; hacia adentro, demostrar que el gasto militar tiene una traducción estratégica comprensible. El perfil de Merz queda definido por esa tensión: un canciller debilitado en casa, pero colocado en el centro de la arquitectura defensiva que Europa necesita sostener frente a Rusia.