Cuando Nazareno Raviola perdió casi el 80% de sus gallinas por una enfermedad, sintió que el sueño del emprendimiento propio se desmoronaba. Había comenzado con apenas 46 aves, había logrado hacer crecer el plantel y, de un momento a otro, se quedó prácticamente sin producción. "Ahí me fundí", resume hoy, sin vueltas.
Pero aquel golpe no marcó el final de la historia. Decidió empezar de nuevo, esta vez en un campo de su familia ubicado en Pérez Millán, una localidad rural del partido de Ramallo. Durante un año invirtió cada peso que ganaba como electricista industrial y docente para construir un "gallinero modelo", pensado para criar gallinas camperas en un ambiente lo más natural posible.
Hoy el establecimiento RaNv Avícola alberga unas 460 aves y produce alrededor de 300 huevos diarios. El proyecto todavía está en plena etapa de crecimiento, pero ya logró consolidar una clientela que valora la calidad del producto y llega desde Rosario, San Nicolás u otros puntos de la región, e incluso desde Buenos Aires, para comprar directamente en el establecimiento.
Detrás de ese crecimiento hay una convicción que Nazareno repite una y otra vez: el bienestar de las gallinas es la base de un mejor huevo. Por eso eligió un sistema en el que las aves permanecen libres durante todo el día, con una alimentación especialmente preparada y un manejo que busca respetar sus comportamientos naturales.
La producción de gallinas nunca fue algo extraño para el joven emprendedor. Se crió en la chacra donde hoy funciona el emprendimiento y desde chico convivió con aves criadas para el consumo familiar.
"En esta chacrita, que es donde tengo actualmente el gallinero, yo me crié. Siempre hubo gallinas en casa. Era algo familiar, casero", recuerda.
Mientras trabajaba como electricista industrial en un frigorífico de la zona comenzó a darle forma al sueño de tener un negocio propio. Lo hizo en un terreno prestado, en la localidad de La Violeta, en Pergamino, donde arrancó con apenas 46 gallinas coloradas.
El establecimiento RaNv Avícola alberga unas 460 avesCon el tiempo el plantel creció hasta superar las 140 aves, pero un brote de tifus aviar cambió por completo los planes.
"Me agarró tifus aviar y me mató el 80%. Me quedaron unas veinte gallinas. Por mal manejo, no estar presente todos los días porque tenía que viajar 7 kilómetros. Ahí me fundí. Cuando la gallina está enferma deja de poner huevos. Me quedé sin nada", cuenta.
Lejos de abandonar, decidió que el fracaso sería el punto de partida de una nueva etapa.
"Ahí dije: 'No me voy a rendir. Vamos a arrancar a hacer el gallinero modelo".
El nuevo establecimiento comenzó a tomar forma en octubre de 2024. El lugar era un monte abandonado que fue transformando poco a poco con trabajo propio.
Durante todo ese tiempo no hubo ingresos provenientes del emprendimiento. Solo inversión.
"Todo lo que generaba iba para el gallinero. Lo que hacía de electricidad industrial, lo que cobraba en la escuela técnica, todo terminaba invertido acá", explica.
La espera fue larga. Recién un año después llegaron las nuevas aves y aparecieron los primeros huevos.
"El 30 de septiembre del 2025 llegaron las gallinas y en octubre tuve el primer huevo. Fue un año entero de poner plata sin ver un peso de vuelta", recuerda.
Nazareno asegura que el secreto está en la libertad de las avesNi siquiera entonces desaparecieron los inconvenientes. La primera noche murieron cerca de cien aves por un problema de manejo y luego aparecieron nuevas dificultades con otro lote de gallinas.
“La primera noche se amontonaron y se me murieron muchas. Después traje 100 más blancas, pero venían con un problema de la cabaña y se picaban, entonces se picoteaban y se mataban. Hubo que aprender mucho. Fueron errores propios que hubo que corregir. Esto también es experiencia", reconoce.
Más allá de la historia personal, Raviola sostiene que la diferencia del producto comienza en la forma de criar las gallinas.
Durante el día las aves permanecen completamente libres sobre el campo. Recorren el pasto, buscan insectos, picotean vegetación y recién al anochecer regresan por sí solas al galpón para descansar.
"El secreto está en que la gallina esté todo el tiempo afuera. Sale a la mañana, hace lo que quiere durante el día y a la noche vuelve sola al gallinero. Ahí está la diferencia", afirma.
Según explica, ese comportamiento repercute directamente en la calidad del huevo.
"Al estar siempre en el pasto incorpora mucho forraje, insectos y vegetación. La alimentación es mucho más variada y el huevo sale con mucha mayor calidad".
A esa alimentación natural le suma un balanceado elaborado por ellos mismos.
Lo preparan artesanalmente con maíz de primera cosecha, harina de pescado, minerales y otros ingredientes que buscan reducir al mínimo el uso de materias primas altamente procesadas.
"Tratamos de hacer una comida lo más natural posible. Buscamos proteínas de mejor calidad y elegimos maíz de primera cosecha porque conserva mejor los carotenoides que le dan color y calidad al huevo", explica.
Su objetivo es recuperar una forma de producción tradicional de huevos de campoEl productor señala que, a nivel internacional, los huevos se clasifican según el sistema de producción. En la categoría más alta se ubican los ecológicos, obtenidos bajo estrictas normas de producción orgánica. Un escalón por debajo aparecen los huevos camperos, provenientes de gallinas criadas al aire libre, categoría en la que se enmarca su establecimiento.
La categoría ecológica hoy es muy difícil de alcanzar porque toda la cadena debería ser orgánica. Nosotros estamos dentro del huevo campero, que es como criaban las gallinas nuestros ancestros: sueltas en el campo, con una ración y haciendo su vida naturalmente", sostiene.
Para Raviola, el objetivo es recuperar una forma de producción que durante décadas fue habitual en el campo argentino.
"Estamos dentro del concepto de huevo campero, que es como criaban las gallinas nuestros abuelos. Estaban sueltas, comían del campo y recibían una ración. Ese es el sistema que buscamos y no tiene nada que ver con los gallineros móviles” explicó.
Actualmente el establecimiento produce unos diez maples diarios, una escala que todavía considera insuficiente para vivir exclusivamente de la actividad.
La comercialización se realiza principalmente mediante venta directa. Los clientes contactan al establecimiento por redes sociales y coordinan el retiro de los huevos. Algunos llegan desde localidades vecinas y otros recorren cientos de kilómetros desde Buenos Aires para abastecerse.
Esa forma de producir también tiene un costo mayor que el sistema convencional. La alimentación, el espacio que requiere cada ave y la menor escala explican buena parte de la diferencia de precio, aunque Raviola asegura que los márgenes siguen siendo muy ajustados.
“Hoy el maple lo vendemos a 9.000 pesos. Hay gente que entiende que vale un poco más porque cuesta mucho más producirlo. Los costos están altísimos y el margen es muy finito. No es un negocio para hacerse rico", afirma.

De hecho, reconoce que el emprendimiento todavía necesita del respaldo económico de sus otras actividades.
"Con esta cantidad de gallinas no podría vivir solamente de esto. El gallinero hoy se mantiene solo, pero para seguir creciendo todavía necesito mis otros trabajos", reconoce.
Por eso ya comenzó la construcción de un segundo galpón, con el objetivo de aumentar la producción sin modificar el sistema de manejo
Las redes sociales, donde muestran el funcionamiento del establecimiento y explican cada etapa de la producción, se convirtieron además en una herramienta clave para acercar consumidores a un modelo que busca diferenciarse por la calidad antes que por el volumen.
"Yo tengo el conocimiento y mi novia, que es técnica en marketing digital, sabe cómo transmitirlo. Nos complementamos muy bien", cuenta.
Y aunque reconoce que todavía queda camino por recorrer, sostiene que nunca dudó de la decisión que tomó después de perder casi todo.
"Sin esfuerzo no hay éxito. No hay ninguna posibilidad. Sin trabajo duro no hay forma" resume.
Mientras avanza con la construcción de un segundo galpón para ampliar la producción, Nazareno Raviola sigue combinando el emprendimiento con sus trabajos como docente y electricista. El objetivo es que, con el tiempo, los huevos camperos se conviertan en su principal sustento, sin resignar el modelo de producción que eligió desde el primer día: gallinas libres, alimentación natural y calidad antes que volumen.