06/07/2026 - Edición Nº1245

Política

Crisis energética

La "amenaza" de Guillermo Moreno a Metrogas: qué pasó el 6 de julio de 2007

06/07/2026 | Durante el invierno de 2007, Argentina atravesaba una situación crítica. Las bajas temperaturas habían disparado la demanda de gas y electricidad.



El 6 de julio de 2007 quedó marcado como uno de los episodios más tensos de la política energética durante la presidencia de Néstor Kirchner.

En medio de una ola de frío polar, restricciones en el suministro de gas y una creciente preocupación por el abastecimiento, el entonces secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, amenazó con intervenir Metrogas tras cuestionar la decisión de la empresa de interrumpir el servicio a clientes industriales.

Aunque la intervención nunca llegó a concretarse, la fuerte presión del Gobierno derivó ese mismo día en el reemplazo del director general de la distribuidora y dejó en evidencia el duro enfrentamiento entre la administración kirchnerista y las empresas concesionarias de servicios públicos, en un contexto de tarifas congeladas, fuerte crecimiento del consumo energético y escasas inversiones acumuladas durante años.

Una crisis energética en pleno invierno

Durante el invierno de 2007, Argentina atravesaba una situación crítica. Las bajas temperaturas disparaban la demanda de gas y electricidad, mientras la menor generación hidroeléctrica, producto de la escasez de lluvias, reducía la oferta disponible.

Para evitar cortes en los hogares, el Gobierno había decidido priorizar el abastecimiento residencial, por lo que numerosas industrias comenzaron a sufrir restricciones en el suministro de gas. La medida buscaba garantizar que las familias mantuvieran el servicio durante los días de mayor consumo.

Sin embargo, el conflicto estalló cuando Metrogas interrumpió el suministro a empresas que contaban con contratos considerados "en firme", una categoría que normalmente aseguraba la provisión continua del combustible.

La reacción de Guillermo Moreno

Disconforme con esa decisión, Guillermo Moreno se presentó personalmente en las oficinas de Metrogas, en el barrio porteño de Barracas, para exigir explicaciones a los directivos de la empresa.

Horas más tarde brindó una conferencia de prensa en la Casa Rosada, donde aseguró que las respuestas recibidas "no fueron satisfactorias" y anunció que el Gobierno evaluaba aplicar sanciones.

"No estuvimos conformes con la decisión adoptada ayer por Metrogas", afirmó el funcionario, quien incluso deslizó la posibilidad de intervenir la empresa mediante la Ley de Abastecimiento e iniciar un proceso que podía llegar hasta el retiro de la concesión.

Las declaraciones generaron un fuerte impacto político y económico, ya que representaban una de las amenazas más severas formuladas por el Gobierno contra una empresa privatizada desde el inicio de la gestión kirchnerista.

El cambio de conducción que desactivó el conflicto

La tensión comenzó a descomprimirse pocas horas después.

Metrogas informó que su director general, Roberto Brandt, dejaba el cargo mediante una licencia y que sería reemplazado de manera interina por Vito Sergio Camporeale.

El cambio no pasó inadvertido. Brandt había sido designado por British Gas, principal accionista de la distribuidora, mientras que Camporeale representaba a Repsol YPF, empresa que mantenía una relación mucho más cercana con el Gobierno nacional.

Tras conocerse la modificación, el entonces ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, dio por superado el conflicto y afirmó que la situación de la compañía se había "normalizado", dejando sin efecto la amenaza de intervención.

Las sospechas del Gobierno

El episodio se desarrolló en un contexto de creciente desconfianza oficial hacia las empresas energéticas.

Desde la Casa Rosada se sostenía que algunas distribuidoras, transportistas y productoras de gas podían estar utilizando la crisis para presionar por una recomposición tarifaria después de varios años de congelamiento de precios.

La hipótesis oficial apuntaba a que ciertas compañías restringían el suministro más allá de lo estrictamente necesario con el objetivo de instalar la idea de una crisis estructural y acelerar una renegociación de sus ingresos.

Metrogas no era la única empresa bajo observación. También circulaban versiones sobre posibles sanciones contra Transportadora de Gas del Norte (TGN) y Transportadora de Gas del Sur (TGS), mientras el Gobierno analizaba el funcionamiento de toda la cadena de producción, transporte y distribución de gas.

El impacto en los mercados

Las declaraciones de Moreno repercutieron inmediatamente en la Bolsa porteña.

Las acciones de Metrogas llegaron a desplomarse cerca de un 10% durante la rueda bursátil y finalizaron la jornada con una caída superior al 4%.

Las bajas también alcanzaron a otras compañías del sector energético, entre ellas Gas Natural, Gas Cuyana, TGS y TGN, reflejando la preocupación de los inversores por la posibilidad de una mayor intervención estatal sobre las empresas concesionarias.

La postura de Néstor Kirchner

Mientras el conflicto ocupaba el centro de la escena política, Néstor Kirchner buscó transmitir tranquilidad.

Durante un acto oficial sostuvo que el problema energético se estaba manejando "con responsabilidad, seriedad y tratando de solucionarlo con inversiones que la Argentina no tuvo en años".

El Presidente evitó hablar de una crisis estructural y atribuyó buena parte de las dificultades a una situación climática excepcional que había reducido la generación de las centrales hidroeléctricas.

Además, destacó los acuerdos alcanzados con países vecinos para importar energía cuando fuera necesario y aseguró que el abastecimiento para los usuarios residenciales estaba garantizado.

El recuerdo de un conflicto que marcó una época

Diecinueve años después, la amenaza de intervención sobre Metrogas continúa siendo uno de los episodios más representativos de la política energética del kirchnerismo.

La crisis de 2007 puso en evidencia las limitaciones del sistema para responder a una demanda creciente, la tensión derivada del congelamiento tarifario y el fuerte protagonismo que asumió el Estado en la relación con las empresas privatizadas.

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