Durante más de veinte años permanecieron ocultos detrás de un placard. Eran cinco cuadernos que una niña comenzó a escribir por obligación y que conservó el hombre acusado de abusar sexualmente de ella desde los siete años. Lo que para el empresario era una herramienta de control y sometimiento terminó convirtiéndose en una de las pruebas centrales que lo llevaron a ser declarado culpable por un jurado popular en Neuquén.
El veredicto puso fin a un juicio que se extendió durante diez jornadas y que reconstruyó casi dos décadas de abusos sexuales, manipulación psicológica y un sistema de silencio impuesto dentro del ámbito familiar. La víctima denunció en 2022 que los ataques habían comenzado cuando era una niña y se prolongaron hasta los 26 años, cuando logró romper el vínculo de sometimiento que, según la acusación, el imputado había construido mediante amenazas y un discurso de carácter místico.
Durante su declaración, la mujer recordó que el acusado la obligaba desde pequeña a llevar un registro manuscrito donde debía describir los episodios de abuso. Ese dato llevó a los fiscales Maximiliano Breide Obeid y Cecilia Sabatte a solicitar un allanamiento en la vivienda del empresario.
El procedimiento permitió encontrar cinco cuadernos y otras anotaciones ocultas detrás de un placard de la habitación del imputado. Para la fiscalía, esos escritos funcionaban como un mecanismo de control mediante el cual el acusado reforzaba el dominio que ejercía sobre la víctima y documentaba los hechos que él mismo le imponía relatar.
Según la acusación, el empresario se presentaba como una persona con supuestos conocimientos médicos y poderes espirituales. Bajo ese argumento convencía a su hijastra de que los abusos formaban parte de rituales destinados a curar enfermedades o liberar energías, una estrategia que le permitió sostener durante años el secreto dentro del grupo familiar.
Durante los alegatos, el fiscal Breide Obeid definió al acusado como "un manipulador" que había construido "sus propias reglas" para someter a la víctima y mantenerla bajo una permanente dependencia psicológica.
Tras analizar la prueba reunida durante el debate, el jurado popular declaró al empresario culpable del delito de abuso sexual con acceso carnal continuado agravado por el daño físico y mental ocasionado a la víctima, por haber estado a cargo de su guarda y por aprovechar la convivencia cuando era menor de edad, en concurso con corrupción de menores continuada.
Luego del veredicto, el fiscal solicitó que el acusado dejara de cumplir prisión domiciliaria y fuera trasladado a una unidad penitenciaria con prisión preventiva, planteo que fue aceptado por el juez Marco Lupica Cristo.
El proceso ahora ingresará en la etapa de cesura, donde se definirá el monto de la condena. La escala penal prevista para los delitos por los que fue declarado culpable va de 12 a 35 años de prisión y la fiscalía ya adelantó que pedirá una pena cercana a los 30 años. La única circunstancia atenuante que tendrá en cuenta el tribunal es que el empresario no registra antecedentes penales.
Durante el proceso también se conoció que el imputado intentó suspender el juicio simulando haber sufrido un accidente cerebrovascular durante una audiencia, maniobra que fue descartada por los médicos que lo evaluaron. Además, meses antes del debate se había casado con la madre de la víctima, una decisión que impidió que ella declarara en su contra y que finalmente derivó en un testimonio favorable a la defensa. Paradójicamente, fueron los mismos cuadernos que el acusado obligó a escribir a la niña los que terminaron convirtiéndose en la evidencia decisiva para sellar su condena.