Este mediodía, la Selección Argentina jugará ante Egipto por los octavos de final del Mundial.
El cruce deportivo reaviva también un recuerdo político y diplomático: la visita oficial que realizó Cristina Kirchner a El Cairo en noviembre de 2008, durante una gira por el norte de África, en la que recorrió el histórico Museo Egipcio, visitó las pirámides de Gizeh y sorprendió con un anuncio que nunca llegó a concretarse: su intención de traer a la Argentina la muestra original de los tesoros de Tutankamón.
Aquella escala en Egipto formó parte de una gira internacional que también incluyó Argelia, Túnez y posteriormente Libia. En un contexto marcado por la crisis financiera internacional de 2008, la entonces presidenta buscaba fortalecer las relaciones políticas, comerciales y tecnológicas con el mundo árabe y el norte africano, abriendo nuevos mercados para las empresas argentinas y profundizando la cooperación bilateral.

Cristina Kirchner arribó a El Cairo el 20 de noviembre de 2008 procedente de Túnez. Aunque padecía un cuadro de anginas y disfonía, decidió reemplazar las horas de descanso previstas por dos actividades emblemáticas: una recorrida por el Museo Egipcio y una visita nocturna al complejo de las pirámides de Gizeh.
La primera parada fue el histórico museo de la capital egipcia, donde permaneció cerca de una hora observando algunas de las piezas arqueológicas más importantes del mundo. Allí recorrió especialmente la sala dedicada a Tutankamón, contempló la célebre máscara funeraria de oro, el ajuar hallado en la tumba del joven faraón y las momias de Ramsés III y otros gobernantes del antiguo Egipto.
Durante la visita mantuvo un diálogo permanente con el guía del museo, interesándose por el significado de las piezas y realizando preguntas sobre la historia faraónica.
Uno de los momentos más distendidos ocurrió frente a la momia de Ramsés III, cuando el guía explicó que el faraón tenía el segundo dedo del pie más largo que el primero. Entre risas, Cristina comentó: "Yo también tengo más largo el segundo dedo. ¿Tendré antepasados egipcios?".
En otro tramo del recorrido observó una antigua silla ceremonial decorada con imágenes de los enemigos del faraón ubicadas debajo del apoyapiés. El guía explicó que el gobernante las pisaba simbólicamente cada vez que se sentaba. Consultada por un periodista sobre a quién imaginaría ella en ese lugar, la Presidenta respondió únicamente con una sonrisa.
Tras abandonar el museo, la delegación argentina se trasladó al complejo arqueológico de Gizeh.
Allí Cristina Kirchner, acompañada por su hija Florencia, presenció el tradicional espectáculo nocturno de luces y sonido proyectado sobre las pirámides de Keops, Kefrén y Micerino, una de las principales atracciones turísticas de Egipto.
El operativo de seguridad fue particularmente intenso debido al caótico tránsito de El Cairo, una ciudad que entonces ya superaba los 20 millones de habitantes.

Al día siguiente comenzó la agenda política. Cristina Kirchner fue recibida por el entonces presidente Hosni Mubarak, quien gobernaba Egipto desde 1981, tras el asesinato de Anwar el Sadat.
Durante el encuentro ambas administraciones coincidieron en la necesidad de profundizar la relación bilateral, ampliar el intercambio comercial y promover proyectos conjuntos de cooperación tecnológica, agrícola y cultural.
La Presidenta también mantuvo reuniones con el secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa, y con Suzanne Mubarak, esposa del mandatario egipcio y referente de distintas organizaciones vinculadas a los derechos de las mujeres.
Sin embargo, uno de los anuncios más recordados de aquella visita no estuvo relacionado con el comercio ni con la diplomacia.
Durante una cena oficial, Cristina Kirchner reveló que había conversado con las autoridades culturales egipcias para gestionar el traslado a Buenos Aires de la histórica muestra de Tutankamón.
"Queremos que la muestra de Tutankamón llegue a la Argentina, es realmente nuestro deseo", afirmó públicamente.
La iniciativa generó una enorme expectativa debido a que implicaba la posibilidad de exhibir en el país algunas de las piezas arqueológicas más importantes del patrimonio egipcio, entre ellas la célebre máscara funeraria del faraón niño.
Con el paso del tiempo, aquella promesa quedó archivada. El traslado de los tesoros originales de Tutankamón nunca llegó a concretarse debido a una combinación de factores técnicos, económicos y patrimoniales.
Entre los principales obstáculos figuraban los elevadísimos costos logísticos, las millonarias pólizas de seguro exigidas por organismos internacionales y las estrictas condiciones de conservación impuestas por el Estado egipcio para autorizar la salida de objetos considerados patrimonio irremplazable de la humanidad.
A ello se sumó una política cada vez más restrictiva de Egipto respecto del préstamo internacional de piezas arqueológicas originales, especialmente aquellas vinculadas con Tutankamón, una de las figuras más emblemáticas de la civilización faraónica.

Dieciocho años después de aquella promesa, Buenos Aires finalmente recibió una exposición dedicada al célebre faraón, aunque muy diferente de la imaginada en 2008.
En junio de 2026 se inauguró en Vicente López la exhibición internacional "Tutankamón: La Experiencia".
Lejos de tratarse de las piezas originales anunciadas durante la visita presidencial, la propuesta consiste en un recorrido inmersivo con tecnología multimedia y más de 150 réplicas oficiales certificadas por organismos egipcios, diseñadas para recrear la tumba descubierta por Howard Carter en 1922. Las piezas arqueológicas auténticas jamás abandonaron Egipto.