La mañana del 6 de agosto de 2024 parecía transcurrir como cualquier otra en el centro de San Isidro. Hasta que el conductor de una camioneta escuchó un ruido inusual debajo de su vehículo. Al bajar para revisar qué ocurría encontró una varilla metálica que sobresalía del asfalto. Lo que parecía una anomalía urbana terminó revelando un túnel de casi 200 metros excavado bajo tierra con un único objetivo: ingresar a las cajas de seguridad de una sucursal del Banco Macro y concretar un millonario robo.
Casi dos años después, ese plan frustrado tuvo su primer desenlace judicial. El Tribunal Oral en lo Criminal N° 3 de San Isidro, a cargo del juez Maximiliano Savarino, condenó mediante un juicio abreviado a Alejandro Israel Rosendo López, Carlos Andrés Cazenave Peña y Nicolás Ignacio Carpani Romero por su participación en la maniobra. Savarino integraba además el tribunal que debía juzgar la muerte de Diego Maradona, proceso que fue declarado nulo tras el escándalo protagonizado por la jueza Julieta Makintach.

Rosendo López recibió una pena de dos años y cinco meses de prisión efectiva como coautor de tentativa de robo agravado por su comisión en lugar poblado y en banda. Hasta que la sentencia quede firme continuará bajo prisión domiciliaria. En tanto, los uruguayos Carlos Andrés Cazenave Peña y Nicolás Ignacio Carpani Romero fueron condenados a tres años y cuatro meses de prisión por el mismo delito, al que se sumó el de falsificación de documento público destinado a acreditar la identidad de las personas.
La investigación de la fiscal Carolina Asprella reconstruyó que la organización comenzó a ejecutar el plan al menos desde noviembre de 2023. El objetivo era vulnerar las medidas de seguridad de la sucursal del Banco Macro ubicada sobre la calle Chacabuco al 444, en pleno centro de San Isidro.
Según la acusación, el grupo estaba integrado por Alan Daniel Lorenzo Rodríguez, Rosendo López, César Leonardo Cazenave Peña, Carpani Romero, Carlos Andrés Cazenave Peña y al menos otros siete integrantes que continúan prófugos o aún no pudieron ser identificados.
Para no despertar sospechas, los delincuentes alquilaron una propiedad ubicada a pocos metros del banco, sobre la calle Chacabuco al 543. Incluso utilizaron documentación falsa al momento de firmar el contrato con la inmobiliaria para ocultar sus verdaderas identidades.
Desde ese inmueble comenzaron una obra clandestina que demandó meses de trabajo. Excavaron aproximadamente 200 metros de túnel en dirección a la sucursal bancaria, con un nivel de planificación poco habitual. La estructura contaba con encofrados de madera para sostener las paredes, iluminación eléctrica instalada a lo largo del recorrido e incluso alfombras para facilitar el desplazamiento y reducir el ruido. Las excavaciones provocaron daños tanto en la vivienda utilizada como base operativa como en el subsuelo del espacio público.

El objetivo final era irrumpir debajo del sector de cajas de seguridad y apoderarse de dinero en efectivo, joyas, alhajas, obras de arte y otros objetos de valor sin ingresar por la puerta principal del banco.
El golpe quedó trunco por un detalle tan inesperado como decisivo. La varilla metálica que sobresalía del pavimento fue advertida por un automovilista, que llamó al 911 al escuchar golpes debajo de su camioneta. La denuncia motivó un operativo que incluyó excavaciones durante dos días y la participación de buzos de la División Especial de Siniestralidad del Ministerio de Seguridad bonaerense.
Fue entonces cuando apareció el túnel que avanzaba en dirección al banco y quedó al descubierto toda la maniobra.
La investigación posterior permitió reconstruir el funcionamiento de la organización y comenzar a identificar a sus integrantes. El primero en ser detenido fue Rosendo López, capturado en Entre Ríos, acusado de trasladar a los miembros de la banda entre la Argentina y Uruguay.
Más tarde cayó Alan Daniel Lorenzo Rodríguez, vinculado a la barra brava de Nacional de Montevideo. Los investigadores llegaron hasta él gracias a una huella dactilar encontrada en una botella de gaseosa abandonada en el galpón desde donde operaba la organización.
Con el avance de la pesquisa también fueron arrestados Nicolás Carpani Romero y los hermanos César y Carlos Cazenave Peña, aunque la causa continúa abierta porque todavía existen sospechosos prófugos y otros que aún no pudieron ser identificados.
Mientras tres de los acusados aceptaron un juicio abreviado y ya fueron condenados, Alan Lorenzo Rodríguez y César Leonardo Cazenave Peña optaron por enfrentar un juicio oral. Por el momento, la Justicia todavía no fijó la fecha de ese debate, que podría aportar nuevas respuestas sobre quiénes integraban la organización y cómo logró construir durante meses un túnel de semejantes dimensiones sin ser descubierta.